¿Pueden manifestarse los obispos?
-Wifredo Espina-03/01/08 No queda muy estético que los
obispos se manifiesten por la calle. Tal vez porque no estamos acostumbrados, incluso parece cómico. Como les parecía a los franquistas la famosa manifestación de curas por la Via Layetana de Barcelona, en tiempos de la dictadura. Pero esto no es ir al fondo de la cuestión.
La cuestión es si los obispos pueden manifestarse. Y los arzobispos. Y los cardenales Y los primados. Solos o con su gente, los fieles. Incluso con los ciudadanos no fieles, pero que en un momento o tema determinados conciden con sus posturas o tesis religiosas, éticas, morales o de concepción de la persona y de sociedad.
Si en un país libre y democrático todo el mundo tiene derecho a organizar
manifestaciones -desde gobiernos, partidos, sindicalos, patronales, artistas, funcionarios, profesionales, conductores de autobuses o personal de la limpieza-, no se ven argumentos sólidos para negar a obispos, fieles, simpatizantes y a quienes quieran sumarse, para expresar pacíficamente su opinión, a favor o en contra de otras, sean del gobierno o de la oposición.
Es lo que ha ocurrido recientemente con la multitudinaria manifestación en
Madrid “en favor de la família”, contra el llamado “
divorcio exprés” o a la carta, contra la consideración de matrimnonio de las “
uniones de homosexuales”, contra el “
aborto” prácticamente libre y contra el adoctrinamiento ideológico por parte del Estado de los estudiantes con la excusa de “
enseñarles” a ser ciudadanos.
Como dicha manifestación fué tan multitudinaria y, además, algunos obispos se pronunciaron tan claramente –con mayor o menor acierto- en contra de determinadas decisiones, laicistas más que laicas, del
Gobierno de Zapatero, han saltado todas las alarmas gubernamentales y se ha disparado toda la gruesa artillería contra la Iglesia, ante el temor de perder votos en las próximas
elecciones.
Sin entrar en la importante temática que movilizó a tantísima gente, y que mereció el apoyo del Pontífice, la cuestión a plantear ahora es si los ciudadanos seguidores de una determinada religión, y por tanto también sus dirigentes, tienen o no derecho a manifestarse públicamente como otros colectivos ciudadanos.
Contestar que la
Iglesia –o las iglesias- se
“presenten a las elecciones” , como ha hecho
Pepe Blanco, parece una solemne tontería. Primero, porque ya se presenta a través de los ciudadanos creyentes; y segundo, porque no es esta una función que le permita la Constitución, como tampoco se presentan corporativamente los sindicatos o patronales, los electricitas ni los registradores de la propiedad, por ejemplo. A Pepiño Blanco le falta clarevidencia y le sobra bilis; con su cara ya paga.
Y conste que no me entusiasma que los obispos se manifiesten por las calles. Pero a veces hay que aguantarse.
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