La luna y el dedo
-Consuelo Sánchez Vicente-
21/11/07 Va a ser cosa de atribuir a la desesperación la propuesta del líder de CiU
Artur Mas de promover el
"derecho a decidir" de los catalanes en plena crisis del
AVE porque, si no no se entiende que le dé este bonito balón de oxígeno al Gobierno, distrayendo la atención de los
desastres de la ministra
Álvarez a una cuestión como la de la soberanía que, primero en el referéndum del 'Nou Estatut' y después en las últimas elecciones autonómicas provocó tal hastío a la mayoría de los catalanes que lo único 'histórico' en ambos casos fue el nivel de abstención. Porque como los análisis postelectorales no tardaron en dilucidar, la razón de esta doble huida masiva de las urnas fue el desencanto y el hartazgo de los
catalanes con la pasmosa pérdida de tiempo y de energía que supuso el debate 'soberanista' sobre el nuevo Estatuto.
Los catalanes, como todos, lo que quieren es que los políticos administren bien sus impuestos, es decir, sanidad, educación y pensiones aceptables, sueldo y vivienda dignos, y algo que puede parecer elemental, pero que a juzgar por lo que está ocurriendo desde este verano en Barcelona, no lo es: que funcione el
transporte público, que no se vaya la luz, todo eso que nos hace la vida algo más fácil.
Aunque el 'victimismo' de los nacionalistas pretenda que la culpa de todo la tiene 'Madrid', el
caos de las
infraestructuras de Barcelona es culpa, además, de la Generalitat y del Ayuntamiento 'tripartitos' (PSC, ERC, e Iniciativa), y se ha producido, conviene recordarlo, con el nuevo Estatuto ya en vigor. Pendiente, todavía, de que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre si cabe o no cabe en la Constitución, es verdad, pero plenamente en vigor.
Artur Mas es un político sin suerte, un 'perdedor'. Aunque ha ganado las
elecciones, el 'tripartito' le ha impedido gobernar; y encima en su propio partido un hijo de
Pujol,
Oriol, ha empezado a disputarle 'la primogenitura' alzando, justamente, la bandera del 'soberanismo'. Con Mas, o con Oriol, dudo que CiU logre remontar alejándose de la centralidad y la moderación que durante tantas décadas le convirtieron en el partido hegemónico de Catalunya. Con el 'raca raca' del independentismo es evidente que no pueden competir con ERC.
La oportunidad de Mas, en mi opinión, es intentar reconquistar a la 'abstención-protesta' ofreciendo
soluciones solventes y creíbles a los problemas reales de los catalanes. En gestión, el fracaso del 'tripartito' catalán es sencillamente espectacular. Pero, como el necio del viejo dicho popular, ante el dedo que señala la luna, el (todavía) líder de CiU se ha puesto a mirar el dedo en vez de la luna.
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