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Los juegos chinos
-Gabriel Mª Otalora -04/02/08 Han pasado 7 años desde que Pekín se convirtiera en la sede de los próximos
Juegos Olímpicos. Para muchos analistas esto iba a suponer un
relanzamiento económico y de los derechos humanos, la asignatura pendiente de este régimen tan contradictorio:
comunista por fuera, y cada vez más
capitalista por dentro.
Cerca de acabarse el tiempo de la Olimpiada (el período de cuatro años entre dos citas olímpicas), el lavado de cara está siendo espectacular.
Pero la situación de los
derechos humanos no lleva el ritmo impuesto en las obras: China sigue ejecutando a más personas cada año que todos los demás países del mundo. Más de 250.000 personas están confinadas en campos de “
reeducación” o trabajos forzosos. La
libertad de religión es un derecho fundamental pisoteado; en el caso católico, existe un contrapoder a la Iglesia perseguida en forma de iglesia oficial que solo obedece al gobierno chino.
Miles de personas son condenadas por expresarse de manera diferente a los dictados de los gobernantes chinos. No hay libertad de prensa al estar la información controlada por la agencia oficial (la todopoderosa
Xinhua), y las mujeres continúan muy
discriminadas.
Ante el gran acontecimiento de estos Juegos Olímpicos, no solo hay que informar del glamour y las
medallas. Semejante oportunidad, debe servir para contrastar los almibarados principios olímpicos con la realidad del país, incluso práctica violaciones a los derechos humanos en el plano deportivo. Han salido a la luz varios casos espeluznantes pero uno me ha llegado muy hondo: la niña
Zhang Huimin, que fue obligada a recorrer 3.550 kilómetros en menos de sesenta días… ¡sin cumplir los nueve años!
A ver si los 18 millones de nuevos bebés chinos que se esperan durante este año, se encuentren un país más humanizado y equilibrado cuando lleguen a la juventud. De lo contrario, la cacareada amenaza amarilla para
Occidente puede convertirse en un enemigo mucho más peligroso para la propia China.