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Menudo éxito
-Gabriel Mª Otalora -08/01/08 Al secundar la iniciativa de
Rouco Varela, los obispos de la
Conferencia Episcopal (dos tercios, el resto se abstuvo de aparecer por la manifestación a favor de la familia) han dado muestras sobradas de cómo hay que leer el Evangelio del revés.
Lo que debía ser una
marcha cristiana, se convirtió en un ataque según los cánones de contrapoder eclesial perdiendo una oportunidad de oro para dar ejemplo de denuncia profética al más puro estilo evangélico. Lo que los manifestantes dejaron en la retina de muchos es la estrecha relación entre una parte significativa de la
curia española con el sector más rancio de la peor
política y del nacional-catolicismo; todo en vísperas de las elecciones al Parlamento español y a la Conferencia episcopal, con un Rouco que no parece haber encajado el poder perdido.
Ser
obispo significa actuar como evangelizadores y creadores de comunidad desde su vinculación histórica y teológica con el grupo de los Doce. San Bernardo ya avisaba al papa Eugenio III de que una Iglesia que fuese sólo
"cabeza y dedos" sería
"un monstruo" que en nada recuerda al Cuerpo de Cristo. Demasiado poder terrenal para una jerarquía cuya configuración debe depender de su eficacia evangelizadora.
En palabras de
González Faus, “
si la Iglesia debe seguir fiel a su misión evangelizadora, no puede dejando ir (y condenando) a todas "las ovejas perdidas de la Casa del Padre", mientras acaricia y se deja acariciar por el pequeño rebaño de quienes se consideran fieles. Esto significa que los obispos del siglo XXI deberán ser hombres de frontera y no hombres de barreras”.
Después de la manifestación, muy pocos hablan de la
familia cristiana mientras todos lo hacen de los obispos y de las elecciones, del pulso de poder que no cesa y de la manera exprés de espantar a muchos más de los que asistieron, que buscan el amor compasivo del Dios del Evangelio, pero que se encuentran, una y otra vez, con todo lo contrario.
Menudo éxito, cardenal. Qué tristeza.