Que la fuerza nos siga acompañando
-Isaías Lafuente- 09/01/08 La fuerza de los hechos se impone demoledoramente a la de las palabras. Sólo es cuestión de tiempo. La detención de los etarras
Igor Portu y
Martín Sarasola, que se han confesado autores del atentado de Barajas, que costó la vida a
Carlos Alonso Palate y
Diego Armando Estacio y dinamitó la
tregua de ETA y el proceso de fin dialogado de la violencia terrorista, y la captura fulgurante de dos de los asesinos de los guardias civiles
Raúl Centeno y
Fernando Trapero, tiroteados a sangre fría en Francia hace ahora un mes, evidencia la fortaleza del Estado frente a la
banda terrorista.
Quienes durante estos años han sostenido la milonga del fortalecimiento de la organización criminal a costa de un gobierno débil, arrodillado ante los terroristas, dispuesto a vender Navarra y a conceder un botín político a los asesinos a cambio de la paz, se han dado de bruces una y otra vez con la realidad, aunque no consientan ceder un ápice ni matizar una sola de sus palabras.
Nada importa que
ETA rompiese el proceso precisamente porque el
Gobierno no consentía sobrepasar los límites de la ley y de la Constitución, como reconoció en uno de sus macabros comunicados. Nada, que la mayoría de los intentos asesinos de la banda se hayan visto frustrados en los últimos meses por la actuación de las Fuerzas de Seguridad del Estado.
Cuando se esgrimían datos sobre centenares de
etarras detenidos durante esta legislatura se respondía frívolamente que la mayoría de las operaciones se desarrollaban en Francia y no en España. El brutal asesinato de los dos jóvenes
guardias civiles en
Capbreton nos permitió saber que muchos agentes españoles se estaban jugando la vida en el país vecino para realizar tareas de información, pero ni siquiera eso hizo sonrojar a los infames.
Mientras haya un solo terrorista armado sin capturar, la capacidad de ETA para sembrar la muerte permanecerá intacta. Pero sólo desde la ceguera o desde el más burdo interés político se puede sostener que ETA está hoy más fuerte que hace cuatro años. Fuerte está el Estado: el que detiene terroristas, el que encarcela a su brazo político, el que aborta atentados inminentes como el que, al parecer, preparaban en Madrid Sarasola y Portu, y el que investiga si las
Fuerzas de Seguridad pudieron sobrepasar los límites de la ley en la operación policial que permitió su detención. Como debe ser. Al menos en esto nos podríamos poner de acuerdo.
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