El “papel” de presidente de EE.UU.
-Enrique Arias Vega- 04/02/08 “Como yo pude decir en la ficción que era el presidente de los Estados Unidos, saludo ahora al auténtico”. Así se expresaba
Michael Douglas en una recepción de
Bill Clinton en la Casa Blanca. Él ha sido uno de tantos actores que han encarnado a la primera autoridad
norteamericana. En su caso, como un viudo que se enamoraba de
Annette Being. Casi no hay actor de
Hollywood que se precie que no haya interpretado al presidente: como héroe o como villano, en clave de drama o de comedia, y hasta como mujeriego homicida en Poder absoluto, de
Clint Eastwood. A diferencia de Europa, que preserva a sus jefes de Estado en una urna, en Estados Unidos la serie televisiva El ala oeste de la Casa Blanca, protagonizada por
Martin Sheen, duró ni más ni menos que siete temporadas. Y otra serie, con la actriz
Geena Davis como presidenta, ha tomado su relevo.
Semejante protagonismo presidencial de ficción parece lógico en un país con una historia de poco más de dos siglos, en la que los demás
héroes del imaginario colectivo son gentes tan dudosas como
David Croquet, Billy El Niño,
Jesse James y otros bandoleros de distinto pelaje. Tanta identificación existe, por consiguiente, entre la presidencia de Estados Unidos y su plasmación cinematográfica, que un actor,
Ronald Reagan, pudo llegar a la Casa Blanca y, a tenor de una encuesta realizada entre sus compatriotas, él es quien mejor lo ha hecho en el cargo a lo largo de la historia. Otro hombre de cine,
Fred Thompson, ha querido hacer lo propio en esta ocasión, sin ninguna fortuna, cuando su auténtica oportunidad la tuvo realmente hace ocho años, aunque entonces se acobardó ante el protegido de su partido, el histriónico
George Bush. Por esa creciente influencia fílmica, aquellos aspirantes a la presidencia que no son actores intentan parecerlo. En cambio, otra gente menos agraciada físicamente, como
Rudy Giuliani, ese gran político que partía como favorito hace unos meses, se ha pegado el gran batacazo electoral en su presunto feudo de Florida. El futuro papel presidencial queda, pues, por parte de los demócratas, en manos de
Hillary Clinton más probablemente que en las de
Barack Obama, los dos con un perfil cinematográfico evidente y que dan lo mejor de sí mismos cuando tienen una cámara delante.
En el bando republicano, ese rol parece que le será asignado a
John McCain, menos pintoresco que los predicadores
Mitt Romney y Mike Huckabee, con un aspecto impecable y un pasado heroico muy al gusto del norteamericano medio.
Así, pues, en esa progresiva identificación entre los políticos reales y sus alter ego de película comienzan a difuminarse los contornos. En un futuro, acaso, quien quiera hacer carrera hacia la Casa Blanca deberá pasar por el aprendizaje en Hollywood mejor que por un doctorado en
Ciencias Políticas. Al tiempo.
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