Las posibilidades de Ruiz-Gallardón
-Enrique Arias Vega- 18/01/08
Mírese por dónde, la exclusión de
Ruiz-Gallardón de las listas de
Mariano Rajoy puede haberle favorecido más que si hubiese figurado en ellas. Déjenme explorar esta aparente paradoja.
Dentro de nuestros partidos políticos, de estricta disciplina cuartelera, con diputados tan absolutamente intercambiables como desconocidos, Ruiz-Gallardón constituye una excepción notoria. De ahí el escándalo. Hasta ahora, fuera de estos partidos socialmente enraizados nadie ha tenido posibilidad política alguna. Le pasó a Manuel Pimentel, ex ministro de
José María Aznar, que sufrió tal descalabro electoral como autónomo que su non nato grupo político quedó finalmente reducido a un blog. Antes que él sufrieron semejante postración dirigentes socialistas expedientados, como
Alonso Puerta y
Pablo Castellano, que fueron fagocitados por el
PCE en la naciente y sedicente Izquierda Unida. La relación de líderes condenados a la orfandad política sería interminable.
Algo de eso le puede pasar ahora a
Rosa Díez con su nueva formación centrista. Y no será porque un gran porcentaje del electorado no reclame un grupo de ese corte ideológico, que sirva de contrapeso al
PSOE y al
PP, en vez de dejarlos en manos de los partidos nacionalistas. Aun así, y a pesar del bagaje doctrinal de su ideólogo, el filósofo
Fernando Savater, y del glamour intelectual de
Mario Vargas Llosa, los medios de comunicación le hacen el vacío y las entidades financieras le cierran su bolsa. ¿No será ese espacio inédito el que aguarde a Alberto Ruiz-Gallardón? Él sí que dispondría de avales económicos y mediáticos proclives a bailarle el agua porque de hecho ya lo vienen haciendo desde hace años. ¿Qué ha perdido con su exclusión el alcalde de Madrid? ¿Ser el improbable segundo de un Mariano Rajoy en precario si éste gana por la mínima las elecciones? ¿Disputar la jefatura de un PP desmotivado y a la greña en caso de derrota? No resulta un panorama demasiado gratificante.
Lo que mucha gente de ese país reclama a gritos es el final de la deriva centrífuga del Estado y, si fuese preciso, una imposible gran coalición a la alemana entre los dos grandes partidos nacionales. Imposible, digo, dada la actual radicalización ideológica en la que parece preferirse la catástrofe colectiva a dar un leve respiro al enemigo político.
Ahí, en ese espacio de centro en el que todos sitúan a Ruiz-Gallardón, podría reubicarse éste, como el líder liberal británico,
Nick Clegg, o el alemán,
Guido Westerwelle, y forzar así a los grandes partidos a obtener su apoyo.
Ésta es una hipótesis improbable, claro, pero no me negarán que se trata de un futurible sugerente. En un país acostumbrado a repetir siempre los mismos clichés, hasta podría resultar políticamente refrescante.
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