Nos sobran idiomas
-Enrique Arias Vega- 20/12/07
Las distintas
lenguas se han inventado para separarnos de nuestros semejantes y no para comunicarnos con ellos. El ejemplo más claro lo tenemos en Bélgica, donde todo el mundo sabe francés, al ser un
idioma aprendido en la escuela. Pues bien: ningún turista conseguirá que un flamenco utilice esa lengua, propia de sus odiados paisanos valones. Lo hará en inglés, incluso aunque le torturen. Pero tampoco quiere que se confunda su idioma autóctono con la versión hablada en Holanda, de la que le separan escasos
rasgos gráficos y
fonéticos.
Por eso no me extraña la noticia que acabo de escuchar en la radio. Una
lengua ancestral está a punto de perderse en un remoto paraje de China. Sólo la conservan dos ancianos, pero años de enemistad han provocado que no se hablen, por lo que nadie puede recoger su legado.
Los conservacionistas se lamentarán de esa aparente pérdida cultural. Ya sólo quedarán unos 2.000 idiomas en el mundo, se entristecerán, cuando hace un siglo había diez veces más. Pues aún sobran, en mi modesta opinión, qué quieren que les diga.
Sé que mi postura es políticamente incorrecta, cuando hay gente empeñada en oficializar el bable, la presunta
lengua leonesa y cosas aún más peregrinas: por ejemplo, que el árabe y el tamazight sen declarados idiomas oficiales en Ceuta y Melilla. ¿Se imaginan el guirigay lingüístico de este país, por si no bastase con el ya existente?
No ignoro que hay Estados como Suráfica, en cuyo Parlamento coexisten 11 lenguas que la mayoría de los diputados desconoce. Pero no es precisamente un ejemplo a imitar. También la nueva Constitución de
Evo Morales en Bolivia acaba de hacer oficial una treintena de lenguas autóctonas, obligando a los funcionarios locales a que aprendan la suya antes de dos años.
No hay que ir tan lejos para ver reediciones de la bíblica Torre de Babel, que acabó como todos sabemos. El Parlamento Europeo tiene 23 idiomas oficiales, amén de los aún no reconocidos, lo que no lo hace más fuerte, pero sí da de comer a miles de intérpretes. Por eso, reputados analistas políticos consideran que
Europa carece de un
sentimiento unitario que la haga fuerte frente a Estados Unidos, China, Rusia o Brasil.
Con esa misma argumentación, servidor, en su modestia, estaría dispuesto a adoptar un único idioma de
conocimiento universal, tras el fracaso de aquel benéfico invento del doctor
Zamenhoff, el esperanto. A mi provecta edad, me da lo mismo cual fuere, como si se decide que sea el parsi o el swahili. Tengo un sobrino político tanzano que estaría encantado en enseñarme este último, así que no hay más que
hablar.
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