¿Por qué se casa la gente?
-Enrique Arias Vega- 10/12/07
Les juro que ignoro por qué se casa la gente hoy día. Supongo que lo hace por las listas de boda, más que nada. Hay parejas, incluso, que confeccionan el listado escogiendo regalos al gusto de cada uno, pensando ya en su separación.
Y es que los humanos somos cada vez más materialistas. Ya me dirán, si no, a qué viene esa moda paradójica de los “
bautismos por lo civil”. Es más lógico que a un bebé lo hagan socio del Atleti y hasta militante del PSOE, que tiene su lógica dentro de la rareza. Pero, ¿en qué diablos consiste un bautismo laico, cuando se trata de una ceremonia estrictamente religiosa? Pues, simplemente, en hacer una fiestorra y sacar una pasta con la que pagar el cochecito del retoño.
Uno entiende que se casen hoy día gays y lesbianas, que para eso han conseguido una ley propia y, tras tantos años de oprobio, pueden darse por fin el gustazo de una boda como la de su primo Ambrosio, el de Albacete. Pero, en general, no le veo las ventajas a un contrato que puede romper sin más una sola de las partes en cuanto quiera. En nuestro país, tantos derechos tienen hoy día las parejas de hecho como las de derecho, con lo que tampoco entiendo el que las diferenciemos por el simple hecho de haberse producido una ceremonia nupcial.
Todo esto que está ocurriendo, dicen los entendidos, se debe a las facilidades que concede el divorcio rápido, que se instituyó hace un par de años. Desde entonces, crece el número de divorcios (140.000 el año pasado) y decrece el de matrimonios (sólo 210.000). A este ritmo, en cinco años habrá más de los primeros que de los segundos, con lo que una moda muy rentable consistirá en realizar “despedidas de casados”, en vez de hacerlo, como ahora, con las de solteros.
De hecho, el matrimonio medio dura hoy en España unos quince años y sólo la mitad de las parejas llega sin ruptura hasta el final de sus días. Y eso que algunos, llevados del relajo del contrato nupcial, acumulan matrimonios con la misma facilidad con que se expiden hoy día títulos de master por Internet. Y el día en que uno pueda casarse electrónicamente, sin necesidad de salir de casa, será la caraba.
Por tanta frivolidad como conlleva una institución otrora tan seria, uno ha propuesto en alguna ocasión el que se instaure el matrimonio a plazo; corto, eso sí, porque la gente tiene poco aguante. Podría hacerse como un arrendamiento urbano, por cinco años, renovable si ninguno de los cónyuges plantea objeción alguna.
Les aseguro que de esta manera la gente se lo pensaría dos veces antes de separarse y pondría un poquito más de amor por su parte aunque, claro está, un concepto tan caduco como el amor hoy apenas si se lleva.
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