Volver a la edad de piedra-Enrique Arias Vega- 30/07/07
Barcelona no es la única damnificada por un
gran apagón. Hace cuatro años, una avería en pleno mes de agosto dejó sin luz a 30 millones de ciudadanos del norte de Estados Unidos y de Canadá.
Eso no supone ningún consuelo. Al contrario: evidencia la fragilidad de nuestro mundo desarrollado y cómo, en un momento, podemos regresar desde el confort tecnológico a la edad de piedra. Sin transición.
Me sorprende que no haya sido ésta la principal reflexión estos días de políticos y analistas. Sobre todo, porque no es el primer aviso. Durante el caluroso verano de 2004, un exceso de consumo dejó sin electricidad en distintos momentos a los vecinos de Cádiz, Sevilla, Murcia y Melilla. También en Barcelona hay precedentes. Otro incidente menor que este último se sustanció con la multa a FECSA-Endesa, por parte de la Generalitat, de 6 millones de euros, que los tribunales rebajaron a 2,2 y que, por cierto, aún están por ser pagados. Y es que lo que gusta a nuestras autoridades es ver a quién cargar la culpa, en vez de buscar soluciones de futuro.
La evidencia de que eso es así la tenemos en cómo se echan la pelota una a otra
Endesa y
Red Eléctrica y en el reproche de Cataluña a Madrid por la falta de inversiones y del Gobierno central a la Generalitat por incumplir su función fiscalizadora. Para acabar de complicarlo, tenemos las perennes cuestiones de si Cataluña produce más de lo que recibe y de si el precio del kilovatio es el correcto.
No parece que sea ése, la falta de dinero, el problema de nuestras empresas eléctricas, con beneficios millonarios, cotizaciones ascendentes y
OPAS estupefacientes. El incidente de Barcelona, aparte de a los pobres ciudadanos afectados, tampoco les quita el sueño, a lo que se ve, a las compañías de seguros que no esperan “
que tenga un impacto negativo en nuestras cuentas”.
Aquí, pues, todo el mundo quiere pasar página, en la convicción de que a partir de hoy, con la marcha vacacional de muchos barceloneses, disminuirá el consumo y en septiembre ya se verá.
Claro que si no aprovechamos accidentes como éste para cuestionar nuestro modelo económico es que estamos sonados. En la sociedad desarrollada conviven íntimamente el confort y la vulnerabilidad. Es éste un mundo complejo e interrelacionado en el que un incidente nuclear, la subida del petróleo, un verano tórrido o un invierno gélido pueden mandar todo al garete.
Debemos evaluar, por consiguiente, qué es lo que queremos, qué estamos dispuestos a pagar por ello y qué riesgos nos atrevemos a asumir. De no hacerlo así, accidentes como el de Barcelona irán jalonando la ruta hacia el desastre.
(20/07/2007) Doble de horas de tele que de clase (13/07/2007)Escudos humanos (09/07/2007) Jubílese antes de que le pille el toro