En torno al paro
-Antonio Casado- 06/02/08 Es verdad que los datos del paro registrado en el mes de enero son malos y además abundan en el anuncio de la temida época de
vacas flacas. Pero el mal de muchos no puede convertirse en el consuelo electoral del PP, como si las malas noticias para la marcha de la economía nacional y el bolsillo de los españoles jugaran en sí mismas en contra de
Rodríguez Zapatero, el titular, y a favor de
Mariano Rajoy, el aspirante.
No es así. Lo que puede jugar a favor de Rajoy es su capacidad para persuadir a los españoles de que tiene la fórmula para desactivar los
riesgos de una recesión a escala nacional, puesto que su discurso consiste en endosar a la política económica del Gobierno Zapatero todos los males del enfermo:
crecimiento y empleo a la baja con inflación y paro al alza. Pero en ningún caso jugará a favor de esa causa electoral la mera descripción de los síntomas, con los habituales tintes catastrofistas del discurso del PP.
Ni el catastrofismo ni las trampas le servirán para inducir a los
votantes a relacionar un cambio de signo político en Moncloa con una mejora de indicadores en la economía nacional. Y es hacer trampas, por ejemplo, dar como cifra
récord de los últimos años la de los 2.260.000
parados actuales y ocultar la de los 20.500.000 empleados actuales, que también es una cifra récord en la historia de la España contemporánea.
Es obvio que las dos cifras se explican en el contexto del aumento de la población española en el último cuarto de siglo. Por eso resultan engañosas si se utilizan cada una por un lado. Y, por tanto, se ajusta más a la realidad el uso de
tasas porcentuales. Entonces nos daremos cuenta de que el paro actual (8,6 %), ya afectado por los malos datos de los últimos cuatro meses, sigue siendo más bajo que el heredado por el Gobierno Zapatero del
Gobierno Aznar en 2004 (11,2 %).
Sin embargo, es un lugar común en el discurso del
PP insistir en que el
PSOE ha malogrado la buena situación económica que dejó el Gobierno Aznar al perder las elecciones de marzo de 2004.
"Es inaceptable que por haber vivido de la herencia que le dejaron, y no haber hecho nada, 4.400 personas al día hayan perdido su empleo en enero", decía el lunes pasado Mariano Rajoy al conocerse las cifras de paro registrado durante dicho mes de enero: más de 130.000 trabajadores que se suman a las colas del
INEM.
Son cifras desconocidas desde hace veinticuatro años. Mala noticia. Sobre todo por su carácter anticipatorio de un período de vacas flacas en todas partes. Pero mala noticia para todos. Y el mal de todos no puede ser el consuelo de nadie, ni siquiera del adversario político.
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