Rajoy, candidato
-Antonio Casado- 10/09/07 Desde este lunes, el PP ya tiene oficializada su candidatura a la Presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales.
Rajoy, claro, por unanimidad de su Junta Directiva, que es la depositaria de la voluntad soberana del partido.
Con este trámite formal espera la dirección del PP, y espera el propio Mariano Rajoy, que la serpiente del verano en las filas del principal partido de la oposición -la incógnita prevista del número dos desencadenó la incógnita imprevista del número uno- se busque un agujero para hibernar después de los dimes y diretes en torno a
Ruiz Gallardón,
Rodrigo Rato,
Esperanza Aguirre,
Manuel Fraga y compañía.
Si se admite la broma, uno diría que semejante polémica, absurda y autodestructiva, estuvo inspirada por el socialista
José Blanco. De otro modo no se entiende el insensato comportamiento de ciertos dirigentes del PP o, en el peor de los casos, la insensata descoordinación de los estados mayores del señor Rajoy, que no controlaron la polémica en origen (unas declaraciones de Ruiz Gallardón) ni supieron reconducirla en su posterior desarrollo (la irrupción del presidente fundador, Manuel Fraga, fue el colmo de los despropósitos).
Entre estos dos personajes hay que buscar la intención del comentario que al abajo firmante le hizo un estrecho y leal colaborador de Mariano Rajoy respecto a los causantes de la polémica:
"Quienes tienen mucho que ganar y quienes no tienen nada que perder". El caso es que unos y otros se las han apañado para inocular en la opinión pública sombras de duda sobre la solidez del actual liderazgo del partido.
Y por aquello del río revuelto para ganancia de pescadores, el PSOE y los medios de comunicación más bien adictos a su causa electoral no perdieron la ocasión de hurgar en la herida para desestabilizar aún más al adversario. Su maniobra más descarada, la menos disimulada, quiero decir, consistió en manufacturar para los medios informativos la idea de que Rajoy ocupaba el tercer lugar en las preferencias de los españoles respecto a los tres posibles candidatos del PP a la Moncloa. A saber: Rodrigo Rato, Gallardón y el propio Rajoy.
Eso es juego sucio, si bien, en cuanto a la creación de climas artificiales, el PP y los medios afines a su causa no están en condiciones de tirar la primera piedra. Es de suponer que la designación de Rajoy como candidato oficial del PP para las elecciones generales de marzo sirva para que los enredadores de su partido aplacen su gusto por la intriga mientras permanece abierta la batalla electoral. Le harán un servicio a su partido, pero también se lo harán a la estabilidad del sistema. Tiempo y oportunidad tendrán de buscar un sucesor para Rajoy si éste no consigue echar a
Zapatero de la Moncloa en dichas elecciones.
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