El "mundo de la cultura"
-Andrés Aberasturi-21/12/07
Desde siempre he sentido un especial repeluco a la hora de hablar o escribir sobre eso que ha dado en llamarse muy -pero que muy- genéricamente
"la cultura" y, de forma especial, sobre quienes de motu propio se sitúan bajo ese paraguas demasiado grande y con demasiadas goteras. La cosa me empezó a mosquear cuando en la transición un día sí y otro también se publicaban manifiestos de todo tipo y bajo el epígrafe de
"artistas" o
"intelectuales", por ejemplo, aparecían nombre de todos conocidos pero verdaderamente insólitos y que de ninguna manera, siendo minimamente honrados, deberían incluirse en semejante lista. Luego, cuando remitió la moda de los
"abajo-firmantes", se hablaba con una alegría casi frívola del apoyo o la
denuncia del
"mundo de la cultura" a una u otra ¡iniciativa generalmente política y casi siempre partidista. "El mundo de la cultura"... y eso ¿qué demonios es exactamente?
Hace unos días, con motivo del polémico
canon que presupone que todos los que compramos cualquier aparato relacionado con las
nuevas tecnologías vamos a delinquir más pronto que tarde y por eso nos
multan por adelantado, decía un líder socialista que había que
proteger a los
artistas que eran lo mas destacado o lo mas importante o lo mejor de nuestra sociedad. Un disparate. Y no porque un creador no sea importante, que lo es, sino por la jerarquización absurda de las dedicaciones; si hay que
proteger a los
creadores, qué decir del medico capaz de cambiar un corazón por otro, o del fontanero cuando se inunda nuestra casa, o del bombero o del... Un creador es lo que es y resulta tan necesario como cualquier trabajador de forma que considerarlo un especie a proteger, me parece del todo exagerado. Y eso habando de que los creadores o artistas o como se les quiera llamar, se merezcan realmente semejante título.
Los políticos siempre ha sido pintorescos en su relación con los intelectuales y los artistas: o los descabalgan negándoles el pan y la sal o se quedan boquiabiertos con un papanatismo casi infantil. Cuando la izquierda y la derecha se llevan a sus últimos extremos, también coinciden:
lecturas prohibidas y artistas condenados a la muerte civil.
Pero una cosa es proteger a los
"creadores" y otra desprotegerme a mí. Soy socio de la SGAE pero estoy contra el canon. Me da igual que sea mucho o poco lo que me van a cobrar de más por comprarme un móvil o un CD virgen. Lo que no aguanto es la
idea misma que
justifica el
canon, la idea perversa de que voy a
delinquir. Lo dije cuando el canon de las fotocopias y lo vuelvo a repetir ahora: o estamos en una estado donde la inocencia no hay que demostrarla o el canon es imposible que sea constitucional. Es que la
idea es tan
absurda que no entiendo cómo se ha llevado a la practica y convertido en ley. Creo que alguien va a llevarlo a tribunal que deberá decidir; si el Constitucional lo aprueba, yo me doy de baja como ciudadano.
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