La llegada de Moharram puede aliviar las tensiones en el Gobierno de Pakistán
Acosado por los crecientes ataques de las milicias leales a Al Qaeda, Pakistán se enfrenta ahora a una segunda ola de violencia, mientras la minoría chií del país se prepara para el Moharram periodo anual de 40 días de luto por la muerte del imán Hussein, nieto de Mahoma, que comienza mañana. Hussein fue asesinado en el año 680 en la ciudad iraquí de Kerbala por su rival político, Yazid.
diarioDirecto 09/01/08El periodo de luto, que llega cuando el país aún se está recuperando del reciente asesinato de
Benazir Bhutto, se ha convertido en un pararrayos para la violencia sectaria.
El portavoz del Ministerio de Interior,
Javed Iqbal Cheema, informó de que 35 distritos han sido declarados "
sensibles" en el país y que todas las agencias de seguridad se han puesto en alerta máxima para evitar la violencia durante el
Moharram. Además instó a "
todos los ciudadanos a estar vigilantes y a cooperar plenamente con las agencias de seguridad".
El clímax del Moharram llega al décimo día, conocido como
Ashura, cuando los devotos se autoflagelan con mayales con acero en la punta o se golpean con cuchillos para mostrar solidaridad con
Hussein. En los últimos años, sin embargo, las procesiones han recibido ataques por parte de las milicias sectarias suníes.
La violencia religiosa comenzó en
Pakistán en los años 80, con el surgimiento de las milicias, la mayoría suníes, fundadas por
Estados Unidos para enfrentarse a la
Unión Soviética. Hoy en día los chiíes, que representan el 15 por ciento de la población, y los suníes, la gran mayoría restante, viven en regiones vecinas, pero sus radicales se han enfrascado en una sangrienta lucha de ataques
'ojo por ojo'.
El año pasado, un terrorista suicida se inmoló junto a unos policías que escoltaban una procesión del Moharram en la ciudad de
Peshawar, en el noroeste del país, matando a once personas, la mayoría de las cuales eran policías. En 2006, el saldo de muertos en Ashura ascendió a 40 en la localidad de
Hangu.
Ambos ataques fueron atribuidos a las milicias sectarias suníes, muchas de las cuales habían establecido vínculos con
Al Qaeda después de que el presidente paquistaní,
Pervez Musharraf, pactara una alianza de seguridad con Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
En estos momentos, lo que más preocupa al Ministerio de Interior paquistaní son los ataques en la Provincia Fronteriza del Noroeste (
NWFP), en la frontera con Afganistán, pues allí es donde más activos se muestran los radicales. Cheema aseguró que en esta región "
hay un amenaza de doble filo, pues hay tensión sectaria y milicias".
El líder clérigo chií
Sajid Ali Navqi se mostró de acuerdo en cooperar con el Gobierno para reforzar la seguridad, aunque se opuso a restringir sus procesiones por considerarlo "
inaceptable".