Zapatero, con el lirio y la chisteraWifredo Espina09/01/07Se desmorona la imagen de
Zapatero. Nunca es buena noticia que el concepto público de un presidente de gobierno pierda credibilidad y genere desconfianza. Es totalmente negativo. Y en determinadas circunstancias –como las actuales- mucho más.
Nadie debe alegrarse de ello. Ni la oposición. Porque es peligroso para todos. Disminuye la moral del país, que se siente desorientado y desamparado, resta capacidad de reacción ante los graves problemas que se viven, y merma las propias facultades de gobernación de quien preside el Ejecutivo. Es malo para todos.
En ciertos momentos, de especial gravedad –como el que ha creado ETA con la criminal explosión que ha roto su tregua- el presidente del gobierno debe sentirse apoyado, aunque sea para ayudarle a rectificar en sus errores y a cambiar de rumbo.
Es la mejor política de oposición que se puede hacer en estos casos, y no parece que el Partido Popular esté decidido a optar por esta vía, al menos de forma unánime e inequívoca, pese a algunas matizaciones de
Rajoy. Es cierto que ha sido el propio Zapatero quien se ha metido en esta ratonera. Su personalidad no es fácil de comprender. Parece una amalgama de inocencia, inmadurez, inexperiencia, autosobrevaloración, narcisismo, buena intención y maquiavelismo. Va por el mundo con el lirio en una mano y la chistera de los supuestos conejos mágicos en la otra. Así, se puede gobernar un tiempo, pero no mucho; justo lo que dura para que se produzca el desencanto de la gente que le votó con ilusión y esperanza. Ilusión y esperanza quizás más virtuales que reales, como parecen demostrar los últimos acontecimientos.
Es fácil levantar ilusiones y esperanzas prometiéndolo todo a casi todos. En catalán hay una frase que dice que “prometer no hace pobre”, no cuesta nada, es gratis. Lo malo es que algún día llega la hora de la verdad, la de cumplir lo prometido. Lo prometido es deuda. Entonces no valen ni el lirio de la inocencia ni la chistera del juego de manos.
Y esto está ocurriendo con lo del “proceso de paz” y con el cumplimiento del Estatut de Catalunya, por citar los dos ejemplos más significativos y candentes. Creerse que él podría erradicar el terrorismo etarra, sin contar con el principal partido de la oposición, era una visión irreal de las cosas y un afán de lucimiento personal que le están llevando al ridículo. Comprometerse a aprobar íntegramente el estatuto que saliera del parlamento catalán era o una quimera o un engaño, y tuvo que darle una vuelta de muchos grados. Y pese a ello, ahora tampoco lo puede cumplir, como se ha evidenciado en la entrevista Zapatero-Montilla; todo se ha aplazado.
Por todo esto, y otras cosas, se está desmoronando la imagen del presidente Zapatero. Y esto es malo. Como fue malo que se creara esta falsa imagen de que gozaba No vale ir de inocente ni de prestidigitador, y menos si no se tienen estas facultades. La cruda realidad de la política está reñida con los lirios en la mano y con los juegos de magia. El tiempo se encarga de demostrarlo. Y los hechos pasan factura. Tome nota el señor Zapatero.
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