El mal llamado “proceso de paz” mantiene el ánimo positivo en el presidente Rodríguez Zapatero, una vez que ha perdido el buen talante. Parece que en este momento es de los pocos optimistas en este asunto, aunque cada día que pasa hace dudar más a todos sobre si estará correctamente asesorado e informado de lo que realmente está sucediendo.
Los acontecimientos de estas últimas semanas, y el atentado de Barajas, incrementan esas dudas hasta el punto de pensar si el presidente sabe hacia dónde se dirige. El robo de las pistolas en vísperas de la puesta de largo etarra en Europa, el descubrimiento reciente de los zulos, la colocación de artefactos explosivos en Navarra, el robo de vehículos en Francia, las amenazas armadas a ciudadanos en el país vecino y el atentado de la T-4 de Barajas ponen en entredicho las pretensiones gubernamentales. Muchas veces, un optimista como Zapatero es un pesimista rodeado de aduladores; aunque el refrán verdadero reza que “un pesimista es un optimista bien informado”. De estos últimos cada vez hay más. De los otros, cada vez van siendo menos.
Si el terrorismo es la tercera preocupación de la ciudadanía, según revela el CIS, estamos ante una desvirtuación del optimismo presidencial. Respecto al citado optimismo es frecuente oír que el mismo es solo de Rodríguez Zapatero y no de todos los miembros de su Gobierno; aunque den la imagen que se les exige. Ni don Alfredo, ni López Aguilar, ni Alonso, ni la vicepresidenta creen ya en un desenlace feliz del falso y manoseado ‘proceso de paz’. Y semejante creencia existe en el PSOE, donde ni siquiera el bachiller ‘Pepiño’ ve salida del ‘lodazal’ en el que se ha metido su jefe. También destacados militantes ‘sociatas’ ponen en duda ese optimismo del presidente, sin saber por dónde saldrá al final y cómo salvará la cara.
En ámbitos que el presidente desconoce, se tiene tanta o más información que Presidencia sobre el falso ‘proceso de paz’; incluso, nos atreveríamos a decir que más que los propios Servicios de Inteligencia del Estado. Es evidente que el bachiller ‘Pepiño’ no forma parte de dichos SIE, aunque por un momento llegó a desconcertar al personal y, posiblemente, a si mismo. Los hechos quitan la razón a Zapatero; ha llegado a creer que los terroristas pensaban como personas normales y se ha encontrado que toda lógica es ajena a la banda asesina. Seguramente, desde el Gobierno seguirán sin entender el mensaje; aunque ETA ya había dado por zanjadas muchas vías. ¿En quién se fijará el Ejecutivo como cabeza de turco? ¿Será la culpa de la oposición y de la ciudadanía? Un aviso así lo esperaban las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, aunque no hacía falta ser un ‘lince’ para esperarlo. ¿Habrá anticipado Rodríguez Zapatero la operación con sus desvaríos e insensatas declaraciones del día 29 de diciembre?
Desde el entorno etarra se le ha pedido al Gobierno que cierre la bodega, porque el último carral se ha agotado. Lo que no se entiende es el motivo por el que el Ejecutivo ha ocultado la información. ¿Será que no lo ha entendido correctamente? Sin mesas, sin Navarra, sin perspectivas de autodeterminación y sin amnistía de presos no hay partida. Pérez Rubalcaba y ‘el bachiller’ eran quienes más miedo tenían a un final así. Su miedo estaba justificado y ahora deberán incrementar su número de protectores. Hay cañas que se vuelven lanzas y tortazos que se reciben de rebote.
ETA no quiere perder protagonismo y menos ante un Gobierno que considera débil y con poco peso en el exterior. Se han cerrado muchas puertas de golpe, al igual que se nos ha intentado engañar en repetidas ocasiones. En este momento hay dos acontecimientos que pueden alterar la situación: la evolución de José Ignacio de Juana Chaos y la respuesta a la convocatoria de la Udalbiltza, para la asamblea que se celebrará en la primera quincena de enero, en San Juan de Luz. A la vuelta de la esquina espera el nuevo año y ambas partes saben que habrá sorpresas, si tras cada acción hay reacción en el otro lado. Al tiempo.