El cerebro de BushFederico Atamaniuk 26/04/2006
El 20 de marzo se cumplieron tres años de la invasión del ejército de Estados Unidos a Irak. El objetivo prioritario de
George W. Bush era capturar a
Sadam Husein. El 14 de diciembre de 2003 Paul Bremer –administrador civil de EEUU en Irak- convocó inesperadamente una rueda de prensa y declaró “Lo tenemos”. Sin embargo, la operación del Ejército estadounidense en Irak continúa. Está claro que no sólo se buscaba la cabeza del dictador iraquí, sino que primaban ante todo los intereses económicos de las principales compañías petroliferas estadounidenses. Es decir, las reservas de petróleo de Irak -segunda reseva del mundo- eran la verdadera causa de la guerra. Un ataque unilateral que no contó con el visto bueno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En fin, una guerra ilegal que fue uno de los principales desencadenantes de la actual crisis del petróleo. El barril de Brent llegó la semana pasada a los 74 euros. Y esto recién acaba de empezar. Como señaló
Timothy Garton Ash el domingo pasado en el suplemento dominical de EL PAIS, en tres años las economías europeas van a ser las que van a sufrir las peores consecuencias.
Pero, parece que a George W. Bush no le alcanza con Irak. La llegada de
Mahmud Ahmadineyad a la presidencia de Irán provocó un gran conmoción en Washington. Parece que el próximo objetivo de los halcones será Irán. Estados Unidos acusa al gobierno iraní de utilizar su actividad nuclear para producir bombas atómicas. Teherán responde que no están generando energía nuclear para un fin armamentístico, sino para producir energía. El debate está abierto. La clave aquí la tienen los organismos internacionales y los países que moderan la situación como Rusia o China. Tanto Putin como Hu Jintao dejaron claro que se opondrán a cualquier intervención en suelo iraní. Las Naciones Unidas y la Agencia Internacional de la Energía Atómica están solicitando a Irán que presente los informes que justifiquen sus explicaciones. Las noticias ya hablan de una posible intervención y no descartan la posibilidad de un despliegue en unos meses.
El cerebro de George W. Bush definirá el futuro de la crisis. Este es el verdadero problema. El caso iraní es diferente al de Sadam Husein. Irán es un país fuerte y que cuenta con el apoyo de potencias mundiales como China o Rusia. Con lo cual, seguramente Bush reflexionará mucho antes de enfrentarse a los gigantes del este. Pero, del actual presidente de los Estados Unidos se puede esperar hasta lo más inesperado.
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