En su propia trampa Consuelo Sánchez Vicente
02/05/2006La decisión del presidente de Bolivia de nacionalizar el petróleo y el gas ha puesto al Gobierno español en una difícil tesitura. La traición al principio de confianza mutua y el desprecio a la seguridad jurídica que caracteriza las relaciones entre países amigos es, en este caso, evidente. Y la obligación de cualquier Gobierno democrático es defender con toda firmeza los derechos y los intereses legítimos de sus nacionales en cualquier país. Pero, prisionero, desde mi punto de vista, en su propia trampa, el presidente José
Luis Rodríguez Zapatero parece no haberse encontrado con la suficiente autoridad moral como para reprocharle a su colega boliviano algo de lo que él mismo ha hecho bandera: el cumplimiento, llueva o truene, de una promesa electoral. Eso era, en el caso de
Evo Morales, la nacionalización del gas y el petróleo, una promesa electoral. Y eso fue, en el caso de Zapatero, la retirada de las tropas de Irak.
En esta clave casi psicológica (la falta de fuerza moral) hay que entender, en mi opinión, la para mí más que tibia reacción del Gobierno español a la provocación del boliviano. En todo caso, el cumplimento de las promesas electorales debe supeditarse al bien común. Uno puede prometer una cosa en el calor de la campaña, y descubrir al llegar al poder que no la debe cumplir porque pone en peligro algo que como gobernante tiene la obligación de preservar, en lo que no reparó hasta llegar al poder. Explicárselo a los ciudadanos y asumir el precio político que entrañe el incumplimiento yo creo que es, en esos casos, lo más honrado y democrático. Con la promesa electoral de desmilitarizar la Guardia Civil, por ejemplo, eso es lo que está haciendo ahora mismo en nuestro país el Gobierno de Zapatero. Pero, cuando a lo que afectan es a la propia credibilidad de un país en la comunidad internacional, el cumplimiento de las promesas electorales debe observar una segunda condición: el respeto a la legalidad y a los compromisos previamente adquiridos.
Privar por decreto a las multinacionales petroleras que operan en Bolivia, entre ellas la hispano-argentina Repsol-YPF, de derechos y bienes que en algunos casos pueden parecer y a mí me parecen claramente abusivos pero legalmente adquiridos, como ha hecho Evo Morales, es un expolio. Un gobierno que se respete y pretenda ser respetado, como se supone que es el Gobierno español, de ninguna de las maneras puede contemporizar con un atropello de este tenor. Pero, salvando todas las distancias, al retirar las tropas españolas de Irak antes de la fecha que él mismo anunció, el presidente Zapatero tampoco hizo honor a su propio compromiso con el amigo americano. Por esto, en mi opinión, no tiene ahora fuerza moral para ponerse tan duro como debiera con el amigo boliviano.