A qué juega ETAJosé Cavero
24/04/06
Me imagino que ésa es la pregunta que se hacen muchos ciudadanos, convencidos de que no es casual que hayan aparecido cartas de extorsión dirigidas a empresarios vascos y navarros, que fuera detenido un individuo que portaba bonos de los que se han venido empleando para buscar financiación para ETA, y que en los últimos días se hayan producido dos actos de violencia física manifiesta, como fue el incendio del local del concejal de UPN de Barañain y el lanzamiento por unos encapuchados de artefactos explosivos contra una oficina de seguros de Mapfre en Getxo. Cuatro manifestaciones bastante claras de que ETA no puede, no sabe o no quiere cumplir su compromiso de alto el fuego permanente iniciado justamente hace un mes tras haberse anunciando unos pocos días antes.
Pero, ¿cuál es la realidad? Porque cabe recordar que
Arnaldo Otegi tuvo la osadía de dirigirse al lehendakari
Ibarretxe para reclamarle que, dado que la tregua ya era operativa y era fácilmente controlable, no tenía sentido que la Policía Autónoma, la Ertzaintza, siguiera actuando contra los etarras. ¿Quiere esto decir que Otegi y sus correligionarios de Batasuna son los primeros sorprendidos por la ofensiva de ETA? O bien hay que pensar que quienes actúan con intervenciones violentas lo hacen al margen de lo que ha decidido la dirección de la banda e incluso en contra de su compromiso? Es otra hipótesis que, según parece, contemplan los investigadores del grado de cumplimiento del alto el fuego... Tampoco hay que descartar que el mando de la banda haya decidido perpetrar estos actos de castigo, tal vez para comprobar el grado de confianza, o de paciencia, que el Gobierno de
Zapatero tiene en esta fase de confianza y de recelo mezclados...
Lo cierto es que, de repente, las esperanzas han quedado en entredicho, y es preciso recordar los grandes términos de un eventual acuerdo: no será posible avanzar en el proceso si no se produce por completo el cese de toda suerte de violencias: extorsiones, amenazas, bombas, atentados...
En el Gobierno se prefiere pensar que nos hallamos ante dificultades internas de la banda, que serán esporádicas, pasajeras y sin mayores consecuencias. Pero no puede menos que recordar esa primera exigencia: sin el final de la violencia y sin la correspondiente verificación de esa situación, no será posible dar un solo paso adelante. Los ciudadanos no entenderían, ni aceptarían, que el Gobierno siguiera adelante con su esperanzado propósito de alcanzar alguna clase de entendimiento si con anterioridad no hay comprobación demostrada de que los etarras han pasado a una situación de paro total. Incluso no habría que descartar que el Gobierno se vea presionado para ir un punto más allá en sus exigencias preliminares, reclamando la entrega de las armas a los etarras para que demuestren la auténtica voluntad de abandonar, de una vez por todas, el empleo de toda suerte de violencias.
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