ContradiccionesFrancisco Muro de Iscar
04/05/06El Gobierno del presidente
Rodríguez Zapatero ya cuenta en sus vitrinas con el trofeo de la primera central nuclear cerrada en España y tiene reservado el sitio para todas las demás en los próximos años, aun a costa de perder independencia energética, energía limpia y garantías de suministro para una economía y una sociedad que demandan cada vez mayor consumo. Pero, simultáneamente, la empresa Equipos Nucleares, que pertenece a la SEPI, es decir al Estado español, acaba de firmar un contrato con la china Ling Dong Nuclear Power Company para el diseño, la fabricación y el montaje de bastidores destinados al almacenamiento del combustible que se utiliza en las centrales nucleares chinas. Este contrato se suma a los firmados recientemente por la misma empresa pública con Taiwan, Finlandia y Corea del Sur. La razón está en que España dispone de una excelente tecnología en materia nuclear que tenemos que vender fuera porque dentro no podemos. Dicho de otra manera, lo que es malo para los españoles no lo es para los de fuera.
Lo mismo sucede con el asunto de los intereses españoles en Bolivia. El presidente español se ha apresurado a defender los derechos del pueblo boliviano, deseo que compartimos todos, pero no tanto en hacerlo con los derechos, también legítimos, de las empresas españolas, que es para lo que le pagan. Claro que la Comisión Europea ha expedientado a España por cambiar a su medida las reglas del juego de la Comisión Nacional de la Energía, en el caso EON-Endesa-Gas Natural, que es lo mismo, en otra medida, que ha hecho el populista
Evo Morales. En este caso no es tan fácil saber dónde está el corazón del presidente o hasta qué punto las leyes europeas coartan su voluntad. Pero, ¿cree el presidente que el populismo de
Chávez o de Morales puede llevar a algún sitio digno a sus países o que puede funcionar también entre nosotros?
Contradicciones similares ocurren con el tabaco. El Estado sigue cobrando buenos impuestos por la fabricación y venta de tabaco por empresas españolas, mientras prohíbe fumar a los ciudadanos. Esa hipocresía fiscal produce dividendos, mientras, simultáneamente, permite mejorar la imagen de un Estado preocupado por la salud de sus ciudadanos. Decía
Confucio que no se puede pretender apagar con fuego un incendio ni remediar con agua una inundación. Pero una cosa es que no se deba y otra que no se intente.
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