Irán y volveránAgustín Jiménez 25/04/06 El asunto internacional estrella -excepto en España, donde éramos pocos y Andalucía parió una nacionalidad histórica- son las aventuras de
Mahmud Ahmadineyad frente a nuestro propio imperio del mal. Aunque no lo parezca, el presidente de Irán desciende de
Ciro,
Darío,
Alejandro, gente así, de medos y persas, del shah de Persia, que tanto salía en
'Hola' y, sin ninguna duda, desciende también del ayatolá
Jomeini, aunque vaya vestido de seglar y se fotografíe jugando al fútbol, un espectáculo que ya permite presenciar a las mujeres iraníes, siempre que lleven bien tapado el tobillo. Buen marido. Buen padre. De los que se remangan para cualquier faena. Austerísimo. A los notables de allí no les hace gracia. A Occidente le mete canguelo.
Quizás se le pueda combatir con sanciones impopulares que le enajenen completamente el aprecio de los iraníes. Mucho más enojoso será intentar atajarlo con la fuerza, aunque, vistos los vaivenes de Estados Unidos en la zona -y antes de los ingleses y de los rusos-, halagando y machacando alternativamente, sin principios ni estrategia, al despotilla de turno, eso es lo que toca. Si Alá no lo remedia, que no lo remediará, Irán seguirá dando bandazos de malo de película barata y los nuestros volverán a cometer tonterías. Puede que Darío o Alejandro no fuera gente tan lúcida como nos quieren hacer creer los especialistas. Y no olvidemos que hasta
Bush tendrá un capítulo en los libros de historia, ése en que una nota a pie de página recordará la labor de
Aznar.
¿El engorro de Ahmadineyad será permanente? La lata con los políticos populistas es que enuncian verdades puñeteras. Pasando por encima de las exaltaciones sanguíneas de Ahmadineyad (hay que borrar a Israel), ¿quién puede hurtarle el derecho, tal como va el mundo, a desarrollar su bombita atómica? Desde luego, no los que hacen la vista gorda a que la posean Israel o Pakistán, un país mucho más desquiciado que Irán. Un elemento de incordio suplementario es que, después de lo de Irak, pasarán muchos años antes de que nos fiemos de un informe oficial americano o inglés. De Bush sabemos que es un ser sin moral ni inteligencia. De Ahmadineyad, por ahora, sólo sabemos que es un islamista exagerado. Para incordiar más, Ahmadineyad es ducho en manejar la inoportunidad. Si en este momento estuviera obligado a reaccionar, a Estados Unidos le iría tan mal la laxitud como la intervención violenta. Antes de dos años celebran elecciones. Mientras, el petróleo sube y sube. Es la única realidad que va por los cielos.
En medio del tumulto, las revistas europeas se llenan de entrevistas con laicos iraníes aparentemente civilizados que restan importancia a la situación. Uno incluso declara que Teherán se está convirtiendo en La Meca de la filosofía secular. Cosa que evidentemente aun no hemos podido comprobar.
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