Zapatero no es Morales Antonio Casado 03/05/06 Son dignos de estudio los ecos españoles, estrictamente domésticos, del decreto 28.701 sobre la nacionalización del petróleo y el gas en Bolivia. Lo cierto es que esta medida de
Evo Morales regala munición suplementaria. No han dejado de aprovecharla ni el PP ni ese incansable frente de rechazo que
Rodríguez Zapatero suscita en una franja más o menos ancha del aznarismo averiado.
Mientras Gobierno y empresas españoles hacen una segunda lectura del decreto y esperan la letra pequeña del mismo, a los mencionados sectores políticos y mediáticos solo les ha faltado culpar a Zapatero de la abrupta decisión del Gobierno boliviano.
Me parece injusto y desaforado aprovechar una coyuntura absolutamente ajena y contraria a la voluntad del Gobierno español para arremeter contra su política exterior, aunque en esa clave despachan algunos su reacción a la situación de inseguridad en la que quedan las empresas españolas con intereses comprometidos en ese país.
No se puede alegar, ni ahora ni antes, que hubieran estado más protegidos esos intereses si España hubiera declarado su enemistad y su aversión política a Evo Morales desde la misma barrida electoral del llamado líder cocalero hace seis meses. ¿Hubiera estado más acertado, por ejemplo, si se hubiera negado a recibirlo en Madrid? Pues no. Hubiera sido una falta de respeto al presidente de un país soberano y una dejación de responsabilidades respecto a los intereses de nuestras empresas. No todas se dedican a la explotación de recursos energéticos, como quedó claro en la reunión del martes por la tarde a nivel de secretarios de Estado, en la que se hizo una valoración técnica de la situación.
En el inventario de intereses, no sólo empresariales, aparecen créditos oficiales, deuda condonada y ayuda al desarrollo que el Estado español tiene comprometida en Bolivia. Son elementos que refuerzan nuestra posición negociadora durante los próximos seis meses en los que se tratará de encontrar fórmulas para hacer compatibles los intereses de nuestras empresas con los no menos legítimos intereses del pueblo boliviano.
Es la parte constructiva de nuestra posición oficial ante la desapacible decisión de Morales, sobre todo en las formas. Pero el Gobierno español, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores no ha dejado de trasladar por vía diplomática la profunda preocupación española y la advertencia sobre las consecuencias que habrá en las relaciones bilaterales.
Lo uno y lo otro, el malestar y la disposición al diálogo, estuvieron presentes en la conversación telefónica que el ministro
Moratinos y Evo Morales mantuvieron en las primeras horas del miércoles.