La elección de Rajoy
Carlos Carnicero14/03/06La libertad tiene unas grandezas tan evidentes que hacen innecesaria cualquier explicación; pero tiene la enorme servidumbre de hacer inexcusables las responsabilidades derivadas de su ejercicio.
Mariano Rajoy ha elegido, libremente, adherirse a la turbamulta de agitadores que pretenden una conspiración alrededor del 11-M para evitar el conocimiento de la verdad. Como la verdad completa y absoluta es un objetivo tan inalcanzable que la teología sólo acredita en Dios, pretender toda la verdad sobre cualquier asunto de la vida es una pretensión vana. Sembrar el desconcierto sobre la ausencia de algunos conocimientos, es una tarea tan sencilla que hasta un pequeño grupo de periodistas y agitadores pueden realizar con relativo éxito.
Mariano Rajoy acaba de tomar posición de un sitial entre esos demandantes de la verdad que aseguran que estamos ante una conspiración similar al asesinato de
Kennedy. Ahora, el líder del Partido Popular deberá gestionar las derivadas de su libre elección. En primer lugar, Rajoy está haciendo suya la pretensión de que un grupo de funcionarios públicos se ha puesto de acuerdo para ocultar pruebas, fabricar algunas falsas y obstruir el conocimiento de la verdad para que un sumario penal sea prevaricador. Asume estas tesis un político que ha sido ministro de Interior y vicepresidente del Gobierno de España. Sabe por tanto las consecuencias de poner en entredicho los controles que las instituciones del Estado deben tener para que situaciones como las que él avala no puedan producirse.
¿A dónde le conduce esta posición política al líder de la oposición? Exactamente al mismo limbo que ocupan posiciones políticas como las de Batasuna, que pregona cotidianamente la falta de fiabilidad, independencia y rigor de la Justicia española. Es decir, Mariano Rajoy ha elegido posiciones fuera del sistema que sobreviven, precisamente, de cuestionar la legitimidad y fiabilidad de las instituciones.
Tengo toda la impresión de que Mariano Rajoy ha abdicado definitivamente de su autonomía política y ha permitido que le marquen el rumbo desde fuera de las filas de su partido. Como es una persona madura, él sabrá por qué ha elegido una opción tan arriesgada que solamente podría legitimarse si finalmente tuviera razón. Pero si no la tiene, tendrá que responder por ello.
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