Nuevos poderes terrenalesAgustín Jiménez
18/04/06Más o menos coincidiendo con la Semana Santa,
Zapatero ha festejado su primer bienio en el paraíso de Moncloa y el Papa
Ratzinger el primer aniversario de su entronización material. De regalo de cumpleaños,
Pedro Jota ha concedido una entrevista al presidente, quien en dos años ha pasado de ser un blando sin proyectos a ser la lumbrera más tenaz de la prospección geopolítica. Desde el Estatut, los incendios que se le presentan, él los despacha como el que apaga velas en una tarta de cumpleaños. Hacia el 1 de abril, estaba cautivo y desarmado el ejército de
Rajoy y la guerra había terminado.
Lo de Ratzinger es más complejo, entre otras cosas por el temor supersticioso que seguimos aplicando al cargo de pontífice. Los éxitos espirituales tiene un cómputo difícil pero, como los fieles son de este mundo y extremadamente flexibles, igual se defiende una cosa que la contraria. Así, el anterior Papa fue una bendición porque viajaba más que un turista alemán y éste es un portento de vida interior porque no se prodiga nada y posee 20.000 libros, algunos de los cuales igual hasta los ha leído.
Los más entusiastas -cualquier poderoso tiene legiones de ellos- proclaman que Ratzinger es un gran filósofo secular especialista en varios temas. Antes de ser Papa, era tan famoso en los foros intelectuales como lo fue Zapatero antes de que su acceso al poder accionase automáticamente el botafumeiro. De todas formas, comparado con la eternidad, un año es una birria y aún habrá que esperar lo que da de sí el premier vaticanista. Los medios populares han resaltado su primera misa pascual con el regodeo con el que destacan el primer vestidito de la infanta Leonor. Estos días sus opositores han reconocido sus logros -prohibir de su puño y letra el sacerdocio a los homosexuales (¿por qué no a los heterosexuales o a los metrosexuales?)-, pero gran parte de los críticos vocacionales -su ex amigo
Hans Kung- han aplicado la contención.
Sea como sea, ni la tasa de civilidad per cápita ha aumentado en España con Zapatero ni, por descontado,
Juan Pablo II o
Benedicto XVI han hecho crecer el número de buenas personas en el mundo. Y, lo que preocupa aun más a los círculos interesados y a los cortos de mollera que, por ejemplo, siguen combatiendo a
Darwin, es que, entre nosotros, los clientes desertan en masa las iglesias. Incluso en la Italia de
Berlusconi, y éste será uno de los problemas más acuciantes que deberá resolver el muy practicante Romano Prodi, si alguna vez asciende a primer ministro. Para compensar el déficit, el personal incurre en comportamientos rarísimos. Una encuesta realizada en Bélgica atribuye al budismo un número portentoso de simpatizantes. Cuando uno ve por televisión los disturbios terrenales de Lhasa o Katmandú, faros tradicionales de la pasión oriental por el más allá, convertidos ahora en vertedero donde se confunden policías modernos y turistas antiguos, se plantea dos o tres preguntas.
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