Tradición y fe
Patricia Mancera16/04/2006La forma de vivir la Semana Santa es bien distinta para cada uno de los ciudadanos, unos aprovechan para viajar en estas fechas en las que hace menos calor y las ciudades están menos saturadas que en agosto. A muchos les gusta quedarse en España y se acercan a las costas disfrutando de los primeros días de sol del mediterráneo, aunque todavía el agua no permita un baño. Son los costaleros, cofrades y nazarenos los que esperan todo el año estas fiestas, han preparado durante 365 días las imágenes, el diseño de las flores, recogido fondos, etc. Acompañados de apasionados seguidores, beatos y gente de a pie que se acercan a los templos y acompañan las procesiones en una mezcla de devoción, tradición y fe.
Cada celebración litúrgica tiene un triple significado: recuerdo, presencia y espera. En el caso de la Semana Santa se recuerda la pasión y muerte de Jesucristo;
“Cristo se hace presente en las celebraciones litúrgicas concediendo gracias espirituales a todos aquellos que participan en ellas” descubre
Tere Vallés en
http://es.catholic.net; y se manifiesta la esperanza del establecimiento del Reino de Cristo en la tierra. La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y se prolonga durante los cuarenta días anteriores al Triduo Pascual. Es tiempo de preparación para la Pascua y tiempo de oración, penitencia y ayuno. El origen de la Semana Santa se remonta
“al siglo II de la era cristiana. Fue siempre una noche de vigilia en recuerdo y espera de la resurrección de Jesucristo (…) posteriormente la Vigilia Pascual se desarrolló extendiéndose en el tiempo y se transformó en el triduo de la pasión, muerte y resurrección del Señor del que ya habla San Agustín como una celebración muy generalizada” explica
Juan Javier Flores Arcas, presidente del Instituto Pontificio Litúrgico de Roma.
Desde el Domingo de Ramos con la Borriquilla, pasando por el Jueves Santo con la pasión, el Viernes Santo con el desprendimiento hasta el Domingo de Resurrección (el Domingo de Pascua es la mayor fiesta de la Iglesia, en la que se celebra la Resurrección de Jesús), todos los días salen pasos por las calles iluminadas únicamente por la luz de las velas. En todo este espectáculo grandioso se mueven distintos intereses y formas de pensar, su razón de ser es transmitir las enseñanzas a través de la imagen, de la representación de las enseñanzas de la Biblia, y veneración a Dios.
La Semana Santa especialmente de noche envuelve al visitante en un misterio, en un ambiente de acogimiento, entre la multitud se ven mujeres inmersas en la meditación, en el rezo, padres que presentan a sus retoños a la Santísima o al Señor, y niños con la boca abierta admirados por la belleza de la talla; todo acompañado por la banda sonora de las bandas de música que tocan pausadas marchas.
Hoy ha terminado todo este ritual, hay quienes se lamentan del final de las vacaciones, otros lloran por la lluvia del Viernes Santo que impidió la salida de los tronos, y todos esperan que llegue el año que viene para repetir la experiencia. Personalmete admiro la virtud, la paciencia del tallista, de la costurera, del escultor, el ebanista y el florista que consiguen con sus manos de la nada crear imágenes tan bellas, pero dejando a un lado la fe y con el máximo respeto a las creencias de cada uno me pregunto ¿no debería invertirse ese dineral empelado en cambiar el palio de plata por uno de oro en mejorar la vida de los más desfavorecidos?
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