El cáncer no tiene patria
Rosa Villacastín
28/03/2006El que una mujer tan popular y querida como
Rocío Jurado decidiera, en un determinado momento de su vida, recibir tratamiento médico en Estados Unidos y no en España, donde por cierto fue operada de cáncer de páncreas, ha abierto un debate absurdo si se quiere pero que tiene una cierta base debido a que son muchos los que piensan que con dinero tienen más posibilidades de salvarse que si no lo tienen. Prueba de ello es la cantidad de ricos y famosos que se van a hacer las Américas, para tratarse una enfermedad de la que se sabe mucho, pero no lo suficiente como para erradicarla totalmente de nuestras vidas.
Es cierto que el dinero da la posibilidad de consultar con más especialistas, algunos de gran prestigio, que abre puertas que para otros están herméticamente cerradas, incluso da la posibilidad de ser tratados en lujosas clínicas donde tienen todo tipo de comodidades que, en situaciones tan dolorosas como estas, pueden suponer un alivio para el enfermo y para sus familias si las comparamos con el calvario que supone tener que ingresar en un hospital público español, donde obligatoriamente compartes habitación y baño con otros enfermos.
Pero dicho esto, me gustaría señalar que son muchas las personas que se salvan en nuestro país, donde tenemos una sanidad que está al alcance de todos, que cubre gratuitamente a más del 90 por ciento de la población, y desde donde se pueden seguir los mismos tratamientos que han aplicado a Rocío Jurado, y a otros muchos, en la Clínica Enderson. Entre otras razones porque la medicina se ha globalizado como tantas otras cosas, y las consultas entre colegas es muy frecuente, de manera que si un médico del 12 de Octubre, sabe que en esa clínica se aplica un tratamiento que aquí no está lo suficientemente experimentado, se ponen en contacto con ellos, bien a través de internet o de videoconferencia, para conseguir una mayor información.
España tiene clínicas privadas que en nada tienen que envidiar a las americanas. Por poner sólo un ejemplo: la Clínica Universitaria de Navarra -al igual que tantas otras que hay dispersas por todo el país-, cuentan hoy con prestigiosos médicos que, en la mayoría de los casos, operan y pasan consultas en los grandes hospitales de la Seguridad Social.
Ahora bien, lo que no hay en nuestro país es una ciudad entera dedicada al tratamiento del cáncer, ni mecenas que donen grandes fortunas para que se siga investigando una enfermedad que todavía se cobra muchas vidas.
Aquí los gastos los cubre al cien por cien el Estado, y eso a veces dificulta una mayor celeridad en los trámites que hay que hacer hasta llegar a la mesa de operaciones, con gran desesperación para los enfermos y sus familiares. De ahí que la imagen que los usuarios tienen de nuestra Sanidad, no sea tan buena como debería. Una lástima porque se ahorrarían viajes costosísimos, y les permitiría algo fundamental: estar rodeado del cariño de sus más íntimos.
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