El precio tolerableFrancisco Muro de Iscar23/03/06Ahora que la marea del alto el fuego de ETA amenaza con inundarlo todo y hacer que nos olvidemos de todo lo que no es eso, había pensado en comenzar este artículo con el nombre de las víctimas del terrorismo en estas casi cuatro décadas. Hasta donde llegara... Siempre sería insuficiente porque ninguno de ellos hizo nada para merecer el asesinato. Y podríamos escribir los nombres de sus esposas, maridos, hijos, padres, hermanos... Ninguno de ellos hizo nada para padecer esa soledad y ese vacío absurdos, para no gozar de sus seres queridos el tiempo que otros sí tuvieron.
Pero, pese a todo, es tiempo de esperanza. Tiene que serlo por necesidad porque esa sangría inútil, terrible, absurda debe acabar para siempre. Y es tiempo de cautela, de prudencia y de desconfianza, porque la credibilidad de una banda terrorista como ETA es cero. Una cosa es que cumpla sus amenazas y otra que esté dispuesta a abandonar las armas, a pedir perdón, a pagar sus crímenes en la cárcel y a aceptar las reglas del juego democrático.
Es hora ya de que cientos y miles de vascos, y de no vascos, puedan salir a la calle con sus hijos, pasear por un parque, ir al cine, sin miedo y sin necesidad de llevar un escolta permanentemente pegado a su espalda. Eso que hacemos la mayoría de los españoles sin darle importancia. Es tiempo de libertad para quienes no la pueden disfrutar por la amenaza de unos terroristas sin causa y sin razón.
Es hora ya de que esta sociedad, artificialmente crispada por unos y por otros, pueda dedicarse a trabajar, a vivir, a crear riqueza y empleo... Leo que el 60 por ciento de los hogares españoles no puede ahorrar -lo correcto sería decir que debe más cada día- y que el 55 por ciento tiene problemas para llegar a final de mes. A eso deberíamos dedicar los esfuerzos que hemos venido empleando, por ejemplo, en el estatuto catalán o el que vamos a dedicar a ETA.
Políticos y ciudadanos vamos a tener que hacer un enorme esfuerzo de generosidad para afrontar este asunto. Estoy convencido de que sí pagaremos un precio político a cambio del fin de ETA. Pensar otra cosa me parece de ilusos. Simplemente me gustaría que fuera el menor posible, que las víctimas no sean humilladas y que sus familiares no tengan que mirarnos a los ojos a políticos y ciudadanos, y decirnos que les hemos traicionado.
Se juegan mucho la sociedad y la clase política en este envite. Todavía está lejos el fin de ETA. Pero es una oportunidad para abandonar el insulto, el enfrentamiento, la zancadilla y la trampa y buscar la paz, la justicia y la libertad de quienes no pueden tenerla hoy.
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