El presidente republicano
Francisco Muro de Iscar06/04/06Tenemos un presidente republicano al frente de un país cuya Constitución define como Monarquía. Más aún, tenemos un presidente al que le gusta no el régimen republicano, que también, sino la República de 1931. Un régimen que duró sólo cinco años y que dividió en dos a los españoles y tuvo como final un terrible conflicto bélico entre hermanos. Que tuvo cosas buenas, malas y muy malas. Luego vino el franquismo y una Transición modélica, en la que hubo un enorme esfuerzo de generosidad por todas las partes para hacer posible convivencia.
Cuando todos creíamos que se habían cerrado viejas heridas en uno y otro bando, resucita la II República y
Rodríguez Zapatero exalta unos pretendidos valores que no todos reconocen de la misma manera y los enfrenta, de alguna manera, a los valores de la Transición y de la propia democracia actual, porque está convencido de que son superiores.
"Muchos de los objetivos, grandes aspiraciones y de las conquistas que imprimieron los mejores valores de aquella época están hoy en plena vigencia", ha dicho el presidente. Setenta y cinco años, que han sido como varios siglos por el avance que se ha producido en todo, ¿y seguimos con los mismos objetivos? Ya decía
Piqué que Zapatero está obsesionado por ligar la
"constitucionalidad democrática" a la II República, pasando por alto la Transición o, dicho de otra manera, poniendo en marcha la segunda transición. Borrón y cuenta nueva hasta donde se pueda. ¿Hasta dónde se quiere?
Este debate inútil no conduce a ninguna parte. La Historia se estudia, se asume y se aprende de ella. No se repite. Tratar de volver atrás, tratar de resucitar los viejos fantasmas, en lugar de construir hacia adelante, sólo es útil si lo que se quiere es dividir a los ciudadanos en bandos irreconciliables. Ayer se cumplían 38 años del triunfo de Massiel en Eurovisión con el
'La, la la', que tenía que haber cantado Joan Manuel Serrat. ¿A que les parece que ha pasado un siglo por lo menos? ¡Imagínense lo de 1931! Mirar atrás sólo sirve para convertirse en estatua de sal. Entre bautizar a una calle con el nombre de Avenida de la Transición o con el Avenida de la República de 1931, no tengo ninguna duda. Lo malo es que Zapatero, tampoco.
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