Como el que oye lloverVictoria Lafora05/04/06Cuando nos referimos a quien no presta demasiada atención, a quien
'pasa', a quien no se siente implicado, decimos:
"Como el que oye llover". Pues bien, esta frase hecha ha perdido completamente su sentido porque hoy, tal y como están las cosas, oír llover es todo un lujo al que deberíamos prestar la mayor atención. Y los primeros que deberían hacerlo son
Rodríguez Zapatero y la ministra
Cristina Narbona. Como la responsable de Medio Ambiente siga con ritmo lento la construcción de desaladoras la Unión Europea ya le ha advertido que se perderán las subvenciones.
A estas alturas, y con los pantanos al 50% de su capacidad y una sequía superior a la del año pasado, la ministra deshoja la margarita (que está a punto de secarse) y tiene todos los proyectos de desaladoras en fase de estudio. La rapidez con que el Gobierno socialista tumbó el proyecto del trasvase del Ebro debería aplicarse ahora a construir la alternativa al mismo que Narbona parecía tener tan claro cuando llegó al cargo.
Con el agua convertida en un problema prioritario en España parece de chiste que los escollos que está encontrando Medio Ambiente para la tramitación de las obras sea la declaración de impacto ambiental. De chiste porque es este Ministerio el que tiene que dar el visto bueno. Es decir que no se ven ni a ellos mismos.
Pero, desgraciadamente, el problema de la sequía no parece intranquilizar a los ciudadanos, no aparece como tal en las encuestas. El paro, la inmigración, el terrorismo, la vivienda, la inseguridad ciudadana, son, según el CIS, las cosas que más preocupan a los españoles; las que pueden llegar a hacerles perder el sueño. Pero el agua no, porque con el simple gesto de abrir la llave de un grifo pueden hacerla correr y correr a un precio que aún no inquieta. Lo malo será cuando el precio empiece a subir y a subir como forma de controlar el consumo; cuando las sanciones por regar las macetas reconviertan a los ecologistas en amantes de las flores de plástico.
En los países en desarrollo, más de 2.000 millones de personas mueren cada año por enfermedades relacionadas con las dificultades de disponibilidad de agua potable o a causa de su insalubridad. Y frente a esto, su consumo se multiplica de forma exponencial; más del doble del crecimiento mundial. Es decir que a la superpoblación se une el despilfarro. Otro dato: aunque sólo un 5 por ciento del agua potable del Mundo está en manos privadas, el beneficio que su comercialización reporta supera con creces al de las industrias petrolíferas. Este es un negocio que crece a medida que crece la demanda, y la demanda se desboca en los países desarrollados a medida que aumenta la renta per cápita.
Narbona ya puede darse prisa. Si no presenta los proyectos antes de julio no habrá dinero. Y cuando llegué el verano y el grifo se seque a ver quién explica a los ciudadanos que tienen que controlar el consumo, ducharse menos o ir a bañarse al río. De momento, la receta para los ciudadanos es: ahorro y solidaridad. Esperemos que Medio Ambiente no se plantee la exigencia de la UE como el que oye llover.
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