La cárcel no da tregua Gabriel María Otalora
31/03/2006Todavía bajo los efectos de la tregua de ETA, ha pasado desapercibida la muerte de otro recluso, esta vez en la prisión de Zuera; casi al mismo tiempo, se anunciaba la construcción de una nueva cárcel y el cierre del actual centro penitenciario de Álava, que no ha dejado de dar alarmantes noticias en los últimos tiempos, justo cuando se empieza a interiorizar que
“el derecho de las víctimas no se repara con venganza ni creando nuevas víctimas” (
Xabier Pikaza), las cárceles nos demandan su atención.
Lo que parece claro es que la visión del delincuente ha cambiado a lo largo de la historia, de la misma manera que lo han hecho las interpretaciones científicas del delito dependiendo del momento social y el ángulo del análisis. No estamos, por tanto, ante un criterio estático ni simplista de este complejo fenómeno en el que la cárcel real y la legal no tienen mucho en común.
Los actuales objetivos legales de reinserción están eclipsados por las prácticas mayoritarias de vigilancia mientras que el tratamiento del recluso queda en un escalón muy marginal. Muchos presos se encuentran en situación de especial vulnerabilidad en sus derechos a la integridad física y moral por el hecho vergonzoso de que las cárceles están llenas de pobres y enfermos. Todavía a finales del siglo XX, el sociólogo
Ervin Goffman se refería a las
“Instituciones totales” que tienen efectos afectivos, psíquicos y sociales devastadores para sus moradores: campos de concentración, internados y prisiones, entre otras.
No nos llama la atención las cárceles modernas donde impera la soledad, ni las cárceles en las que viven el doble de reclusos de los que deberían ¿Y los reiterados suicidios? Da igual que la masificación generalizada vaya en contra de todas las recomendaciones internacionales y de la propia Ley Penitenciaria.
Con todo, emerge un intento de rehabilitación sin medidas punitivas. Las medidas alternativas pugnan por abrirse paso como complemento de la reinserción de los penados, a menudo con patologías que van más allá de un delito. Hay muchos estudios sobre los diferentes tipos de programas con eficacia en el tratamiento reinsertador; medidas conductuales y cognitivo-conductuales de imposible implantación bajo el esquema actual de encarcelamiento.
Se saben las cosas que funcionan porque existen estudios y experiencias sobre posibilidades de recuperación de delincuentes, naturalmente en contextos adecuados para ello. Por ello, el modelo imperante actual es aun más denunciable, si cabe.