La tregua de ETAGabriel María Otalora23/03/2006
No es la primera vez que ETA anuncia una tregua... Cuando
Santi Potros dijo resignado que un buen negocio no se cierra, sabía de lo que hablaba. ETA son muchas cosas: una manera de luchar, una causa que se ha desdibujado en el tiempo cuyo paso inexorable afecta ya a la tercera generación, una manera de soñar, pero también una forma de vida.
Todo ha cambiado menos ETA. Sus mentores siguen en su doctrinarismo marxista-leninista que juega a las casitas con la cosa vasca mientras extorsiona aquí y pide allá que se respeten las reglas de juego de su proceso democrático (así lo denominan) con el que manejan los tiempos políticos a su conveniencia. Pero la paz es otra cosa, y lni siquiera la construcción nacional de Euskadi tiene recorrido a base de balas y bombas.
La paz es cosa de dos, o de tres, pero nunca de uno solo. Celebro como el que más esta tegua permanente (¿alguna significación respecto de la tregua indefinida?) que facilita una interlocución a varias bandas de las personas que pueden finiquitar el desasosiego de la amenaza, de la extorsión, de la impunidad de quien quiera saltarse la moral social a la torera para provocar sufrimiento gratuito y discriminado.
Es el tiempo de las personas con generosidad y cintura de miras y de corazón, donde los que anhelan la derrota del otro no tienen sitio. La visceralidad es muy comprensible en quienes sufren la pérdida irreparable, las torturas o el chantaje económico. No es de recibo en quienes tienen responsabilidades de gobierno y de Estado -incluido el principal partido de la oposición- para cerrar, de una vez por todas, las heridas que impiden la paz.
Naturalmente que hay quienes desean ardientemente la paz. Pero igualmente hay quien lo bendice solo si favorece a sus intereses. No disimulan sus prioridades y son ejemplos evidentes de lo que escribo. No sé que va a salir de este anuncio de ETA pero, con todas las reservas, me felicito por la noticia y deseo que la paz esté cerca. Ruego al Cielo para que los profesionales de la zancadilla, en uno y otro lado, no les llegue la pata tan lejos como para lograr su malsano objetivo.
La historia juzgará quienes trabajaron por la paz y quienes hicieron lo posible por dinamitarla. Sin duda que saldrán nombres y apellidos en ambos lados.