Confieso que he bebido, y anuncio que beberéJesús Nieto
20/03/2006En España arrastramos, aun iniciado con holgura suficiente el siglo XXI, modos, conductas y maneras que expresan que en el fondo de la sociedad, subyace un común de formas de afrontar la vida y el avance de los tiempos que vienen a confirmar a ojos de nuestros vecinos europeos, que el modo de ser de los españoles no ha cambiado tanto desde que el dictador murió en cama.
La antigüedad en la dinámica de la sociedad española, añeja y enmarañada en la tradición más rancia, se ejemplifica en el modo de afrontar los conflictos sociales: la sempiterna lucha por la libertad.
Mientras en Francia, la juventud, apocalíptica e integrada en la divina comodidad de la república gabacha, pugna con la fiereza del 68 por defender la dignidad del joven ante el genocidio del sistema, en esta extensión de secarrales con capital en mi Madrid, la chavalería adolescente, ajena a la defensa de la dignidad arrebatada, sintetiza el conformismo rebelde con la convocatoria simultánea de un macrobotellón.
Será cuestión de civismo, problema del africanismo de nuestro ser más profundo, que la vigencia en la lucha social adopte la báquica forma de una concentración multitudinaria y no muestre su indignación antela reclusión de los veinteañeros en zulos diminutos, la precariedad laboral o la progresiva disminución de las políticas de auxilio al estudio.
Pero obviando que el macrobotellón es una burda réplica al sistema por su cortapisa a la libre voluntad del individuo de celebrar su ocio, permitan ustedes que alce mi copa al cielo y brinde por la convergencia de la juventud en un objetivo común, pues con optimismo primaveral espero, que la beligerancia del joven a esta Ley Seca tenga solución de continuidad con metas más profundas y dramáticas en el panorama vital de mi generación, errante, desempleada, analfabeta y acomodaticia.