El feminismo no es eso
Curri Valenzuela16/03/06El feminismo no es exigir que a una mujer la traten con el respeto que esa mujer no muestra hacia otras personas, sean hombres o mujeres, y en nombre del feminismo nadie debería pedir que si va de viaje a un país exótico y se viste como los nativos, ningún adversario, o incluso amigo, le pueda recordar que se ha disfrazado para la ocasión.
El feminismo es un movimiento serio, que reivindica la igualdad de la mujer con el hombre, y que en España tiene mucha tarea por delante; no en vano en este país cada semana, por término medio, una mujer es asesinada por su pareja a causa de eso que denominamos violencia de género, que tiene su base en el poder que el género masculino se arroga, salvo honrosas excepciones cada vez más numerosas, sobre el femenino. Aquí las mujeres que trabajan ganan un tercio menos que sus compañeros hombres, ellas son las que, por lo general, cargan con la mayor parte de la tarea de cuidar a los pequeños y a los ancianos de la familia y cuando se quedan embarazadas corren el riesgo de ser despedidas, pese a que la ley dice que no se puede, por las argucias de los empresarios que cuando las miran piensan en un bebé que las puede retener en casa en cualquier momento, lo cual, por cierto, es falso: el absentismo laboral de las mujeres con hijo es inferior al de los hombres en sus mismas circunstancias.
Esas son batallas que merecen, y además necesitan, de la solidaridad de todas las mujeres de este país, sin consideración de sus banderas políticas. Lo que presenciamos en las Cortes el miércoles no debe encuadrarse en este capítulo de la lucha por la igualdad femenina. Que le digan a la vicepresidenta del Gobierno que le gusta disfrazarse después de haberla visto disfrazada de recolectora de anarcardos, en medio de la bronca parlamentaria de la sesión de control de todos los miércoles, no es motivo para que las diputadas de izquierdas abandonen el pleno y se salgan al pasillo haciendo aspavientos como si se acabara de declarar la tercera guerra mundial a las mujeres españolas. Si no fuera por lo que demuestra de desprecio a los problemas reales de las mujeres de este país, un gesto así únicamente podría calificarse de ganas de hacerle la pelotilla a la Vicepresidenta, aún a costa de quedar en ridículo.
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