¿Una tregua trampa?Lorenzo Bernaldo de Quirós23/03/06La anunciada tregua de la banda terrorista ETA ya se ha materializado. Una sensación de cauto optimismo parece haberse instalado en el conjunto de las fuerzas políticas y en la sociedad española. La hipótesis de un fin a la era de violencia que ha sacudido España y las Provincias Vascongadas desde hace casi cuarenta años cobra una cierta virtualidad. Sin embargo, la dos declaraciones públicas realizadas por la cúpula etarra plantean una serie de interrogantes que es importante tener en cuenta para evitar que se produzcan riesgos y se defrauden expectativas en un proceso negociador que será largo y cuyos resultados son imprevisibles a estas alturas de la película. ¿Por qué la cautela? La respuesta es clara.
Los etarras condicionan de facto su abandono de las armas a un final: la autodeterminación del País Vasco que además extienden a parte de Navarra y a la Vasconia francesa. Esto implica antes o después un referéndum para que la sociedad vasca decida si quiere o no ser independiente y/o si desea y de qué forma mantenerse dentro de la estructura estatal de España. Se trata pues de un alto el fuego mediatizado a priori por la consecución de una finalidad concreta. Esto plantea varios interrogantes ¿Qué ocurre si el Parlamento nacional niega esa opción? ¿Qué sucede si se produce un empate entre separatistas y españolistas? ¿Qué pasará si un 51 por 100 de los vascos votan por la independencia y un 49 por 100 en contra? Estas son las cuestiones centrales a las que habrá que responder en los próximos meses.
Desde esta perspectiva, los contenidos políticos de la tregua de la banda son poco asumibles para el resto del país. Si el diálogo está enmarcado por parámetros irrenunciables y/o innegociables, no estaríamos ante un pacto entre iguales que ceden parte de sus exigencias para llegar a un acuerdo, sino ante una
'paz' dictada por los antiguos terroristas. Esta es la trampa de la oferta etarra en la que no deberán caer las fuerzas políticas democráticas, obnubiladas por un posible fin del terror. En este contexto, el pacto PP-PSOE es fundamental. Sería letal para la convivencia democrática y para la estabilidad institucional que el proceso de negociación se hiciese sin el apoyo y/o con la oposición de los populares. Sería pésimo que el noble deseo de acabar con la violencia llevase a concesiones que, en el medio y largo plazo, fuesen negativas para la democracia.
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