Tiempo para hacerse ilusionesJosé Cavero
23/03/06
Hay una perfecta y plena coincidencia en dos cosas tras el anuncio etarra. Primero, que ha sido la noticia más esperada y deseada de muchísimos años, pero que debe acogerse con la mayor cautela y prudencia, y segundo, que no puede ser de otro modo que ser sumamente prudentes y cautos si aceptamos que el proceso que ahora se abre se nos anuncia, por ambas partes, Gobierno y banda armada, largo y difícil.
Tras el anuncio etarra, que venía a confirmar el preanuncio de
Zapatero sobre
"el principio del final", se esperaba la reacción del principal grupo opositor, y se esperaba con temor y temblor. Esta vez sus dirigentes máximos se han mostrado abiertamente más colaboradores, más dispuestos a dar su apoyo, que en las ocasiones anteriores en las que Zapatero requirió su adhesión. Es decir, ahora ya parecen tener credibilidad los anuncios que Zapatero les había sugerido, y probablemente, además, temen que sería disparatado e inconveniente quedarse fuera del proceso, de la misma manera que decidieron quedarse fuera del proceso de elaboración del Estatuto catalán.
Sin duda, en el ánimo de la dirección del PP y de su militancia pesa sobremanera la idea de que el jefe del Gobierno, Rodríguez Zapatero, pese a las severísimas críticas de las que ha venido siendo objeto durante estos dos últimos años, podría alzarse con los dos triunfos que para sí hubiera querido cualquier dirigente y cualquier partido político de las tres últimas décadas de la historia de España, nada menos: un estatuto catalán aceptable incluso para los nacionalistas más reacios, y una pacificación de Euskadi que todos los españoles tuvimos entre los mejores sueños, casi inalcanzables, durante años y años.
Si Zapatero, tan vilipendiado y vapuleado por la dirección del PP y por sus acólitos en medios informativos, logra esos dos propósitos, ¿quién podrá negarle autoridad y condiciones para seguir gobernando en los años siguientes, verosímilmente con mayoría absoluta, y con mucha mejor prensa? Esa puede ser, también, una sospecha o un temor que pese en la actitud más colaboradora del PP.
Zapatero pudiera, precisamente, para disponer de mayor fuerza en su cargo, convocar elecciones anticipadas y aspirar a esa mayoría absoluta sobre esas dos bazas de estos días. Pero es más probable que agote lo que le resta de legislatura, para afrontar o concluir otras tareas pendientes: el referéndum del Estatuto catalán, algunos avances en la pacificación de Euskadi y un clima más apacible en su relación, hasta ahora a cara de perro, con el principal partido opositor. A estas alturas de la legislatura, apenas rebasada la primera mitad, no hay duda de que
"el descerebrado Zapatero", como ha llegado a ser calificado -descalificado- viene apuntándose puntos y tantos que pocos le hubieran adjudicado con anterioridad...
Pero la tarea pendiente es aún amplia, larga y dura. No es tiempo, todavía, de campanas al vuelo, aunque sí de algunos suspiros de alivio...
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