La España real y la España oficial
Rosa Villacastín
14/03/2006No hace falta recurrir a las macroencuestas ni a prestigiosos sociólogos para comprender que el abismo que separa a los ciudadanos de sus representantes políticos es cada vez mayor y más profundo. Tan grande, que parece que unos y otros viviéramos en mundos diferentes, en sociedades dispares, y todo porque mientras a los primeros lo que les preocupa es cómo conseguir llegar a fin de mes después de haber pagado la hipoteca, la luz, el teléfono, el gas, el colegio de los niños, la cesta de la compra, etc., a los políticos sólo aquellos temas grandilocuentes que pueden movilizar el voto a favor de unos u de otros.
Prueba de que lo que digo es cierto, lo demuestra el hecho de que lleven seis meses, seis largos meses hablando del Estatuto de Cataluña, de las repercusiones que pueda tener en el resto del territorio nacional si el término nación se incluye en el preámbulo o en el capítulo de conclusiones. Cuando hay problemas mucho más acuciantes que solucionar.
Sólo por poner unos cuantos ejemplos reales como la vida misma. Desde hace un par de años, no oigo hablar de otra cosa a mis amigas, a mis conocidas, al taxista, al tendero, de lo difícil que es hacer compatible la vida laboral con la vida familiar, cuando se tienen padres mayores que necesitan, al igual que los niños, una dedicación a tiempo completo que, desgraciadamente ni sus hijos, ni los hijos de sus hijos, se la pueden procurar porque necesitan trabajar para poder ganar un sueldo digno que les permita contratar a un ecuatoriano, o a una colombiana, que se haga cargo de sus ancianos padres, cuando ellos están ganándose el pan nuestro de cada día, en la oficina o en la fábrica.
Otro tema preocupantes es el del las dificultades que tienen los jóvenes y los no tan jóvenes para independizarse de sus familias. Porque, aunque es cierto que hay hipotecas a cuarenta años, también lo es que no todo el mundo gana lo suficiente para hacer frente a un desembolso que necesita para poder comer, vestir, estudiar, etc. Tampoco todos son hijos de padres pudientes, es más, algunos necesitan ayudar económicamente a sus familias para que éstas puedan vivir dignamente.
¿Y qué hacer con los niños si no tienes unos padres, unos suegros, unos hermanos, que se hagan cargo de ellos, mientras tú y tu pareja estáis en el trabajo?. A mí me gustaría que el tiempo que emplean los políticos en discutir sobre el sexo de los ángeles (llámese Estatuto, llámese ley que permite el matrimonio entre homosexuales) lo dedicasen a buscar soluciones que hagan la vida de los ciudadanos un poquito, sólo un poquito, más llevadera para quienes no nadan en la abundancia, ni han dado ningún pelotazo que les permitan vivir al mismo nivel que los Florentinos y compañía.
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