Y Cuevas sacó su fusilLorenzo Bernaldo de Quirós10/03/06El presidente de la CEOE, cual Júpiter tonante, sacó el jueves la caja de los truenos en una intervención llena de calado político-económico, de valentía y de incorrecciones políticas.
Cuevas está de vuelta de casi todo, carece de aspiraciones a nada y, en consecuencia, tiene una independencia de criterio que molesta a más de uno. Como era previsible, las declaraciones del líder empresarial han desatado múltiples críticas y descalificaciones. Sin embargo, constituyen una muestra innegable de la preocupación del empresariado español ante la evolución de algunos procesos, como el de la cuestión terrorista o la OPA de Gas Natural sobre Endesa, que ponen de relieve inconsistencias de fondo en la acción del gobierno. Cuevas estaba en su sitio y dijo lo que preocupa a sus asociado o, al menos, al grueso de ellos.
En la Vieja Piel de Toro, las lesbianas y los homosexuales hablan sobre lo que quieren, los nacionalistas también y todas las tribus de lo políticamente correcto opinan sobre cualquier cosa entre la sonrisa beatífica y tolerante de los bienpensantes oficiales y la palmada en la espalda del Gobierno. Es la lógica de la libertad de expresión en una sociedad abierta y democrática. En este escenario, negar o cuestionar el derecho del presidente de la patronal a actuar de la misma manera resulta de una hipocresía alucinante. Por la vía de los hechos y de la presión
'social' se están introduciendo sutiles mecanismos de censura que pretenden asfixiar las voces críticas al poder.
Es inevitable que a los empresarios les preocupe la injerencia gubernamental en la economía. Es inevitable que elementos que ponen en riesgo la unidad de mercado, como el Estatuto de Cataluña, alarmen a las empresas. Es comprensible que la delicuescente y opaca aproximación gubernamental al problema terrorista les inquiete. La CEOE tiene el derecho y la obligación de alertar contra los peligros que se ciernen sobre el devenir español. La idea, según la cual, los empresarios no pueden o no deben hablar de política con mayúsculas es ridícula y es más propia del viejo régimen que de la democracia.
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