Un buen ministroFrancisco Muro de Iscar09/03/06
"La especulación sobre ETA produce desacuerdos entre los demócratas y da alas al terrorismo. ¿La receta? Vamos a ceñirnos a los hechos. ETA es una organización delictiva contra la que seguimos luchando con toda determinación. Tenemos que dejarnos de historias y seguir enfrentándonos contra el terrorismo. Lo tengo muy claro". Me lo decía hace unos meses ese buen ministro del Interior que es
José Antonio Alonso. Lo he recordado hoy cuando ha fracasado estrepitosamente la convocatoria de huelga general promovida por Batasuna y ETA y cuando la banda terrorista ha vuelto a poner bombas contra los ciudadanos, bombas contra la paz. Hay que dejarse de especular y hay que ser cautos. Como el ministro del Interior y no como quien da alas a la especulación al anunciar en reiteradas ocasiones, con publicidad y taquígrafos, que el final de ETA está cerca.
Un ministro de Interior tiene que ser, por esencia, un administrador de silencios, una caja fuerte de secretos que no se cuentan ni siquiera a posteriori..., un gestor de los tiempos y de la prudencia. Alguien sereno y leal. Un hombre sin pasado que ocultar, al que le importe el presente y no le preocupe su futuro. Como José Antonio Alonso. ¿Y un presidente del Gobierno?
Ayer,
José María Cuevas, en los Desayunos de Europa Press, habló de los empresarios que son perseguidos y amenazados y que, a pesar de todo, siguen en el País Vasco y mantienen su actividad empresarial. Algunos de ellos han recibido estos días de
"ambiente de paz" fotografías de sus familiares más directos con amenazas de no volver a verlos si no pagan el impuesto a los asesinos. No es de extrañar que Cuevas señalara también que el proceso de búsqueda de la paz, tal como lo está desarrollando el Gobierno, le parece
"un disparate" que está teniendo consecuencias
"terribles" en la desmoralización de la sociedad, de los empresarios y de la economía.
Se entiende lo que dice el presidente de la patronal y se entiende menos la regañina que, inmediatamente, le ha echado
Rodríguez Zapatero acusándole de falta de ponderación, de reflexión y, lo que es peor, de información.
"Eso me toca dirigirlo a mí y no a Cuevas", dijo ZP. En cualquier país normal, el presidente no sólo hubiera llamado al líder de la oposición para informarle de los hechos que avalan una esperanza de paz, sino también al presidente de los empresarios, que representa también a los extorsionados, amenazados y perseguidos por ETA. En lugar de eso, el presidente ha informado a Gaspar Llamazares. No le vendría mal a ZP ser tan cauto y prudente como su ministro del interior. Como dice José Antonio Alonso,
"un país libre con una sociedad civil muy viva, necesita más tranquilidad en la política, en las instituciones y en la sociedad".
Francisco Muro de Iscar francisco.muro@planalfa.es
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