Horas BajasFederico Atamaniuk
13/03/2006El Gobierno francés atraviesa una de las crisis más profundas de los últimos tiempos. Las revueltas de hace unos meses y las medidas adoptadas por el primer ministro,
Dominique de Villepin, ofrecen un panorama muy desolador de cara al futuro para el partido de
Jacques Chirac, que se encuentra ausente de la vida política francesa. Villepin y
Sarkozy se disputan las próximas elecciones presidenciales, con dos perfiles muy diferentes. El primero se muestra conciliador y más cercano al dialogo, aunque con posturas muy drásticas en los últimos tiempos. No hay más que recordar el discurso del primer ministro francés en el Consejo de Seguridad de la ONU respecto a la intervención en Irak. El segundo tiene un carácter más autoritario, más cercano a la derecha liberal. Sin embargo, la sombra de la izquierda se acerca con el apoyo estudiantil y de los sectores más desfavorecidos.
La visita de hoy de Villepin a
Rodríguez Zapatero en la Moncloa tiene varios puntos que destacar. Por un lado, ambos mandatarios plantearon un acuerdo en política energética común y, por otro, coincidieron en seguir colaborando en la lucha contra el terrorismo. El Estatut tampoco se quedó fuera. Sin embargo, esta visita del cerebro francés significa un respiro para alejarse de las protestas y huelgas que se prolongan por todo territorio francés. Como buen político, en horas bajas coge las maletas y se marcha. El nuevo plan estrella de Villepin para combatir contra el paro juvenil, la ley del Contrato Primer Empleo, levantó a las masas que ya convocaron dos grandes manifestaciones organizadas por 84 universidades y un número indeterminado de institutos.
La crisis francesa actúa directamente sobre el seno de la UE. Hay que recordar que Francia y Alemania son los dos grandes países que representan a la Unión Europea ante el mundo, teniendo en cuenta que el Reino Unido mantiene una política distante respecto a una Europa unida. El ‘no’ a la Constitución Europea, la crisis económica, la subida de los tipos de interés y las controversias en cuanto a la política energética ofrecen un prisma poco esperanzador para el futuro europeo. Un repunte del eje franco-alemán resolvería gran parte del problema. Aunque eso aún está por verse. Por ahora, las horas bajas están de moda en Europa.
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