El Estatuto de ZapateroFermín Bocos08/03/06Ayer, en el Senado, oímos decir al presidente del Gobierno que todo lo que habla la oposición sobre el nuevo Estatuto de Cataluña -que, por cierto, es lo mismo que exponía hasta hace poco el señor
Bono, su ministro de Defensa-, era una exageración.
Ignoro qué entiende el señor
Rodríguez Zapatero por exageración -con el presidente hay que estar muy atentos a las palabras porque no siempre respeta el pacto que hace posible el lenguaje- pero la verdad es que, se mire por donde se mire, si el nuevo Estatuto recoge en su preámbulo que Cataluña es un nación y resulta que en la Constitución ése concepto -que viene escrito con mayúscula -sirve para definir a España, obvio es decirlo: aquí Nación, lo que hemos entendido siempre por nación, resulta que sólo hay una, y, para cambiarlo, habría que cambiar la Constitución.
Claro que eso era antes de que
Rubio Llorente, feliz presidente del Consejo de Estado, probara a injertar a
Derrida en la Constitución de Cádiz encendiendo la imaginación del señor Rodríguez Zapatero con sus hallazgos de ingeniería política. Estamos llegando en política a lo que
Ferrán Adriá en gastronomía: a la tortilla
"deconstruída", un sorbete nitrogenado que queda bien en las fotos.
Todo está inventado. Incluso cortarle el rabo al perro -como hizo
Alcibíades- para que la gente poco avisada pregunte por el can en lugar de hablar de los serios problemas de Atenas. Aquí el rabo cortado ha sido quitar la definición de Cataluña como nación del articulado del nuevo Estatuto para trasladarla al preámbulo.
Aznar nos metió en la guerra de Irak sin consultarlo con nadie. Charlando con
Artur Mas, Zapatero ha decidido que, al margen de lo que diga la Constitución, en España cabe otra nación que se llama Cataluña. Antes era uno solo el que decidía por todos; ahora las decisiones trascendentales las toman entre dos. A eso algunos lo llaman progreso.
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