ETA y el cuento de la lechera
Carlos Carnicero08/03/06ETA se está reorganizando y ha tomado vigor. Es una valoración del Consejero de Interior del Gobierno Vasco con la que coinciden algunos otros informes de los servicios de inteligencia, entre ellos los franceses, que son, quizá, quienes mejor infiltrada tienen a la organización terrorista. Ahora, en plenas expectativas sobre su posible abandono de la violencia, ETA se permite el lujo de realizar una vasta campaña de extorsión a empresarios vascos a la vez que demuestra su capacidad operativa en la colocación de artefactos que, además de irrumpir en el proceso político de la única forma que sabe hacerlo, da credibilidad a sus chantajes.
Está claro que uno de los ejes de la política de
José Luís Rodríguez Zapatero es la expectativa de abrir un proceso de diálogo con la banda terrorista que, independientemente del tiempo que pueda durar, coloque el final del problema de ETA en la agenda política. Es una pretensión balsámica para los problemas del gobierno y un punto de apoyo para abordar el Estatuto Vasco, después de aprobado el catalán. La ensoñación del presidente es disponer de una segunda legislatura con mayoría suficiente para gestionar el tema de Euskadi desde una cómoda situación parlamentaria, que además se la habría facilitado el propio tema vasco. Un cuento de la lechera maravilloso si la vaca fuera estúpida.
Pero ETA no está dispuesta a facilitar las cosas porque después de cuarenta años de terrorismo no está tan desesperada para renunciar a cualquier dividendo. El cálculo de José Luís Rodríguez Zapatero, que en esta como en otras cosas no está bien aconsejado, parte de un supuesto falso: ETA sabe que no tiene futuro, pero ha decidido no abandonar el terrorismo sin provecho. ETA, al comprobar la necesidad que tiene del proceso de paz el presidente del Gobierno -lo ha demostrado hasta la saciedad- ha puesto en valor su posición. Si hace seis meses sus militantes, escondidos, carecían de moral y deseo de actuar, ahora tienen un motivo suficiente porque la rentabilidad de sus coacciones está garantizada.
No hay escenario más peligroso que el que se está dibujando. Un gobierno con ansiedad para el proceso de paz, una oposición dispuesta a sacar el último jugo a los errores del Gobierno y una organización asesina que se regodea cada vez que Mariano Rajoy y José Luís Rodríguez Zapatero se tiran los trastos a la cabeza en el Parlamento y fuera de él. ¿Pero no hay nadie un poco sensato en este lado de las bambalinas?
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