Al inmigrante
Patricia Mancera08/01/2006Mohamed vino a España desde Marruecos,
Daniel desde Argentina,
Alfonso desde Ucrania... y así, 2.664.168 según los últimos datos disponibles del Padrón del 1 de enero de 2003, es decir, el número de extranjeros empadronados en España se han multiplicado por 4 en los últimos 5 años. Este colectivo supone el 6,2% de la población total residente en España, datos del Instituto Nacional de Estadística. Un país que se rige por una Constitución, basada en los Derechos Humanos y que ofrece garantías a los ciudadanos, desde lo más básico, la salud, pasando por libertad de expresión, el derecho a la propiedad privada, etc. Por lo que es un gran atractivo para los ciudadanos de estos países.
Son muchas las ventajas y los beneficios que promete España, la mayoría es verdad, aunque tal vez se ha idealizado en exceso cuando falta trabajo, no hacen contratos o se saturan los albergues. Los inmigrantes demuestran mucho valor, dejan a sus familias, no traen permiso de trabajo o no conocen el idioma. Padres o madres de familia que cruzan el estrecho, el océano o un continente para buscar algo mejor.
Isabel (48 años) vino desde Paraguay, y consiguió trabajo en un hotel, ha tenido mucha suerte porque tiene asegurada la residencia y además la comida. Es una mujer muy fuerte, aunque sus compañeros piensen que es tímida y reservada, viajó más de 24 horas para llegar a la soñada España. Pasa todo el día sola, se levanta, no tiene que ir al trabajo, porque ya está en él, se pone a trabajar hasta el mediodía, cuando hace una breve parada de media hora para comer, recoge todo y a las cinco o las seis de la tarde se va a su cuarto. Descansa hasta las ocho cuando vuelve y ya hasta que se vayan todos los clientes, sobre las once de la noche. Está sola, no tiene más amigos, ni a nadie más con quien conservar que los compañeros de trabajo, que están sujetos a los trabajos temporales y cambian cada tres meses (tampoco es muy buena la perspectiva laboral para los españoles). No vive en una habitación del hotel, tampoco se podría decir que vive en una habitación, vive entre cuatro paredes, no tiene armario, ni televisor ni siquiera una ventana. Pasa los días encerrada en la oscuridad y en la soledad para ahorrar por una vida mejor. Su único ánimo es que es algo temporal, cuando regresé podrá montar un negocio, pagar deudas, asegurar parte del futuro de sus tres hijos y en definitiva mejorar su calidad de vida.
Ella es solo un ejemplo, son millones las Isabel, las
Sole, los
Jonathan y los
Marcos que emigran. Lo mismo pasó en nuestro país en los 70 cuando 2,3 millones de españoles que emigraron a Europa, a Alemania o Francia, e incluso, que paradoja, a Argentina para mandar la remesa a sus familias (datos del centro gallego de Estudios de Población e Análisis de las Migraciones). Lástima que estos
"turistas" no gastan, no viajan, no visitan los museos, apenas aprenden la jerga de sus oficios. En su rutina diaria lo más importante, lo único, el objetivo es ahorrar y la llamada de los domingos a casa. Verdaderamente así se montaron muchos negocios familiares, pequeños comercios con pequeñas fortunas amasadas en el extranjero con el sacrificio de una vida.
Los que pudieron se fueron con su pareja, con su novia, con su mujer... y tuvieron hijos y no volvieron. El número de españoles residentes en el extranjero alcanzó la cifra de 1.497.817 en el 2004, según los últimos datos ofrecidos por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales . No todo es malo para ellos, según un reportaje publicado por el semanal
"XL Semanal", número 939, de octubre de 2005
"hay una segunda fase en la que el inmigrante se trae a sus familiares, abandona el piso compartido y solicita pequeños préstamos para mejorar su vida (...) Ha pasado de ser considerado un problema a ocupar el rol de cliente potencial deseado por todos".
Este es un homenaje merecido, ganado con
"el sudor de su frente" a todos ellos. A todos los que las pasaron
"canutas" por un futuro incierto, pero seguro que esperanzador. A los que han demostrado esa gran fortaleza ante un mundo racista, aguante ante un jefe explotador, entereza ante la distancia y las Navidades en soledad, y tenacidad en la lucha por alcanzar un sueño.
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