¡Ya basta! Antonio Pérez Henares03/03/2006El habitual y consabido juego político de acusar al enemigo de todos los crímenes, no reconocerle una sola virtud y culparle de cualquier desastre forma parte de nuestra peores tradiciones. Pero hasta ahora la confrontación entre partidos había tenido un cierto cuidado en, aun arreándose, dejar un poco al margen las
"cosas de comer" que diría
Felipe González. Desgraciadamente ya no es así y embebidos en su propia pelea, aquí parece haberse perdido todo norte y huido de cualquier sensatez.
El PP y el PSOE pretenden culpar en exclusiva al
"otro" de lo que está sucediendo y nos esta sucediendo al conjunto de los ciudadanos españoles. Ambos pretenden tener en exclusiva la virtud y la razón y que es el enemigo el culpable de la desastrosa situación de confrontación, tensión y división que padecemos. Oyéndolos se diría que el enemigo esencial en el terrorismo ha dejado de ser ETA y pasado a ser a los ojos del PP el Gobierno socialista y a los ojos del Gobierno socialista, el PP. Lamentablemente también no pocos periodistas han cogido los megáfonos y el maquinillo de los panfletos y se han ido a la trinchera.
Pues irá siendo la hora de decir que algunos no queremos ponernos ni el casco ni las antojeras. Que abominamos de sus maniqueísmos, de su pretensión de
"conmigo o contra mi", de su obligación de alistamiento forzoso en uno de los bandos. Porque es hora de denunciar que ambos son responsables del disparate y del descabellado camino por el que conducen a la sociedad española.
Ni puede pretenderse el exterminio y arrinconamiento del PP, ni comulgar con el intento de acogotarlos y arrojarlos a las tinieblas exteriores como un facherío indeseable y una carcundia cavernaria. Ni por el otro lado cabe caer en la exageración de que el socialismo quiere acabar con España y se ha convertido en poco menos que un aliado del separatismo terrorista.
El PSOE se está equivocando de manera flagrante en muchas cosas. No puede actuarse con la inconsciencia, la falta de mesura y la irresponsabilidad en asuntos que tan gravemente afectan a los principios esenciales y constitucionales de la ciudadanía española. No puede caerse en la frivolidad y la palabrería cuando de lo que ha de tratarse es de una organización terrorista con mil muertos a las espaldas y una acrecentada y mantenida trayectoria de violación de los derechos fundamentales de la vida y la libertad. No pueden abrirse fosas cerradas de abuelos en una guerra civil que acordamos perdonarnos.
El PP esta desmesurando hasta la acusación criminal su oposición, está desencadenando hasta el despropósito una maquinaria cuyo retorno va a ser cada vez mas difícil, esta desproporcionando su respuesta hasta el insulto mas atroz y el juicio de intenciones que sitúa al presidente del Gobierno como un traidor a la Nación y a su fiscal general como un presunto liberador de terroristas.
Ambos, y a ambos hay que reclamárselo, están arruinando un sueño convertido estos años atrás en fructífera realidad de progreso, paz y democracia. Ambos nos están haciendo retroceder en el túnel del tiempo hasta situaciones que creíamos tener superadas para siempre. Ambos insensatamente intentan obtener réditos y ventajas electorales acercándonos al precipicio. Y a ambos ha llegado el momento de decirles que ¡ya basta! y llamarlos a la recuperación de la mesura, de la sensatez, de los fondos que han de unirnos y de las formas que han de regularlos y ampararlos.
Tiene uno estos días el desaliento clavado en las entrañas. No se puede aventar la penosa sensación de una derrota histórica, de una recaída en el peor de los cánceres que han roído a España. Cuando creíamos haber desterrado para siempre esas dos Españas que tantos corazones helaron, hay aquí quienes parecen decididos a resucitarlas para ganar unas elecciones. Y lo que pueden de verdad es hacernos perder a todos.