La duquesaRafael Torres01/03/06Quienes señalan que
Cayetana Fitz-James Stuart no es, aun pareciéndolo a veces, tonta, señalan una gran verdad: ella sabe, al contrario que el Gobierno de Andalucía que la ha nombrado Hija Predilecta, que lo suyo (su riqueza, su influencia, las alabanzas a su persona...) no derivan de sus méritos, sino de la herencia. Así lo dijo el martes en Sevilla mientras la Policía, en una acción brutal de la que habrá que dar cuenta la Delegación del Gobierno, rompía la boca a unos jornaleros:
"Éste (el título de Hija Predilecta) es ganado y no heredado". Pero, por no tener un pelo de tonta precisamente, reforzó con esa frase de apariencia verdadera la impostura de su personaje, pues nunca habría ganado ese título si no fuera por la herencia descomunal, edificada sobre las fatigas y la pobreza de sucesivas generaciones de empleados y jornaleros, que la faculta como una de las personas más ricas y poderosas de España.
Los jornaleros del Sindicato de Obreros del Campo que protestaban pacíficamente ante el lugar donde la Junta de Andalucía nombraba a la aristócrata Hija Predilecta, enarbolaban unos carteles donde, junto a una foto de la Duquesa con gesto de duquesa, se relacionaba lo siguiente:
"34.000 Has. de tierra. ¿Cuántos jornales dan? Ninguno". En efecto; si una Casa y un título simbolizan absolutamente los ultrajes recibidos por el pueblo andaluz de la aristocracia terrateniente, de esa que dejaba los campos en erial, que esclavizaba a la gañanía, que explotaba a los braceros con salarios de hambre, que condenaba al paro a aquellos que osaban reivindicar sus derechos de trabajadores, aquella aristocracia gandula que se pulía el fruto del esfuerzo de los jornaleros en los garitos y las timbas de la capital, esa Casa y ese título simbólicos se identifican en el imaginario colectivo de Andalucía con la Casa y el título (los innumerables títulos nobiliarios) de Cayetana Fitz-James Stuart.
La Junta tendrá sus historias con la Duquesa, y por ello le ha concedido ese título, que no porque los andaluces, o al menos no los ajenos a los polvorientos cuadros taurinos y folclóricos con los que la aristócrata se complace en relacionarse, se lo concedan. La Hija Predilecta de los andaluces es la Justicia.