Bomba en el teatro
Ramón Pi
02/03/06Fuentes del teatro madrileño Alfil informan de que se encontró un artefacto explosivo cuando estaba a punto de estallar, con previsibles resultados catastróficos, ya que había público en la sala. Las mismas fuentes atribuyen el atentado a fanáticos católicos, enfurecidos por las blasfemias que profiere un actor italiano en la obra que allí se representa.
Es necesario que la policía descubra a los autores de este acto criminal y los ponga a disposición judicial cuanto antes, con objeto de que reciban el castigo correspondiente a su salvajismo homicida. De lo contrario, algunos pensarán que este tipo de crímenes sale barato. Un estado moderno no puede cruzarse de brazos ante esta barbarie. Lo que está en juego aquí, entre otras muchas cosas, es el imperio de la ley.
Y, del mismo modo, la policía y los jueces han de sustanciar cuanto antes las denuncias que, civilizadamente, unos ciudadanos han puesto contra el actor acusándolo de contravenir el Código Penal, que protege la libertad religiosa y castiga a los que ofendan o escarnezcan los sentimientos religiosos de los ciudadanos. El que ese actor haya sido víctima de un atentado no convierte lo que él hace sobre el escenario en algo respetable. La ley debe ser igual para todos, y tan inseguros nos sentiremos los ciudadanos si no se persigue y castiga a los que pusieron la bomba como si se dejan impunes las ofensas a los sentimientos religiosos que castiga el Código Penal.
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