Lo último de RatzingerGabriel María Otalora28/02/2006
Joseph Ratzinger ha vuelto por sus fueros. Después de tantos años ejerciendo de guardián de la ortodoxia, vuelve a escribir tan bien como solía, y de lo que sabe como nadie. Recuerdo los tiempos en que fue llamado al orden por su discurso avanzado; sus libros eran una gozada por su contenido, la claridad expositiva y la formación de criterio que proporcionaban. Ahora revestido de Benedicto XVI, Ratzinger ha escrito una encíclica sobre el amor:
“Dios es amor”, un texto breve pero muy interesante.
Según su etimología, encíclica viene del griego egkyklios, y significa kyklos: círculo (en latín, Litterae Encyclicae); no es más que una circular, una carta cuyo uso actual del término está limitado a este tipo de documentos papales.
Pero vayamos con el contenido. Tiene dos partes claramente diferenciadas. En la primera se refiere a lo esencial de Dios amor, a la gratuidad de su amor. Sorprende para bien sus referencias al Cantar de los cantares, un texto del canon bíblico de gran calidad literaria que recomiendo vivamente aunque algunos lo obvian por lo explícito del amor eros entre un hombre y una mujer que se entregan el uno para el otro; dos enamorados concretos que se recrean en el amor que nace del encuentro libre y gratuito entre iguales…escrito ¡hace 25 siglos! Y está en la Biblia.
Ratzinger habla del amor eros y ágape mientras nos explica con un lenguaje exquisito y claro las claves del amor como realización plena del ser humano –sin evitar algunos contextos ideológicos-, como el objetivo y la razón de ser del Dios cristiano, padre y madre, misericordia y amor sin límite. En apenas 40 páginas nos centra en lo esencial.
En la segunda parte de la encíclica trata del cumplimiento de ése mandato maravilloso de amor al prójimo:
“La mejor defensa de Dios y del hombre consiste precisamente en amar”. Lástima que no se refiera de manera clara al papel cristiano de la denuncia profética ante las injusticias causantes de tantas cruces y dolores, en defensa de los pobres en el sentido evangélico del término. Y puestos a pedir más, falta una referencia a que la curia romana con todos los purpurados dentro así como los demás cardenales y obispos del mundo, deberían ser el primer ejemplo (ejemplares) que haga presente ese Dios amor para todos.
El librito merece la pena, y me arriesgo a recomendarlo. A todos.