El golpismo del chantaje emocionalJesús Nieto28/02/2006En las sociedades con rumbo errante y con orientación difusa como la nuestra, es usual que la escala de valores morales por los que han de regirse los ciudadanos, ande trastocada y trastornada por la imposición de lo que se ha consensuado en denominar como lo
“políticamente correcto”, y como consecuencia, la labor de nuestros representantes está plenamente condicionada por un interiorizado temor a la claridad y la premura en la resolución de asuntos de Estado.
El pavor a la diligencia en la pronta salida al conflicto vasco, no ha de catalogarse en función de los ciertos escrúpulos que el PP pudiese tener en asistir a la negociación del Gobierno con la banda independentista, sino más bien a la manipulación interesada que los populares han hecho del dolor de las víctimas, merced a una filosofía de oposición en la que junto al insulto descarado en la persona de
Martínez Pujalte, coexiste una medida populista y pueril consistente en el chantaje emocional a discreción.
El uso que el PP pretende del concienzudo impedimento de un sector de las víctimas del terrorismo al diálogo, es no más que puro fuego de artificio para calmar una esencia ideológica huera, un discurso simplón y de resonancias vetustas que aprovecha la sensibilidad del pueblo español.
Es obvio que las víctimas han de tener, como cualquier ciudadano, un radical derecho a la intervención en el debate público sobre el fin del terrorismo, pero, con independencia del reconocimiento al sufrimiento originado por la sinrazón, y en virtud del bien común, el Partido Popular, en lugar de solicitar con visón y joyas firmas para la unidad de la patria, debería tender la mano al Ejecutivo en un asunto primordial para la convivencia, abandonar el tenaz esfuerzo de golpismo sentimental, y promover la cura única e igual a todos los terrorismos, la democracia.