30 años de cambio Federico Atamaniuk24/02/2006 En la década de los 70 Latinoamérica estaba dominada por las dictaduras más feroces. Paraguay con
Stroessner, Chile con
Pinochet y Argentina con
Videla. Los tiempos prósperos y de buena vida se habían terminado. El poder militar impusó sus normas habituales. Todos sabemos como actúan. No hace falta que enumere una por una sus prácticas. Años después, 30.000 personas habían desaparecido en Argentina y 10.000 en Chile. Estos militares iniciaron la deuda externa que mantiene a los países sudamericanos entre las manos del FMI. Actualmente, Rafael Videla y el incondenable Augusto Pinochet duermen tranquilos en su casa, mientras los tribunales nacionales e internacionales pasan página y olvidan muy rápido los hechos.
Sin embargo, los años pasan. Los noventa representaron la recuperación y el olvido del terror. La democracia recuperó su fuerza y la economía latinoaméricana parecía resurgir. Pero, los políticos son políticos. Poco a poco, las decisiones políticas llevaron a la ruina todas las expectativas de futuro. En Argentina,
Carlos Menem introdujo a su país en la peor crisis económica de las últimas décadas. Por supuesto con la ayuda de Fernando de la Rúa que llegó con la promesa de cambio y tuvo que escaparse de la Casa de Gobierno en helicóptero. Hablar de Brasil, Bolivia, Perú o Uruguay; es hablar de lo mismo. En fin, política igual a corrupción.
En el nuevo siglo,
Lula da Silva inició el cambio. La izquierda llegó a Brasil. El contagio fue rápido. Uruguay, Chile y Bolivia siguieron el mismo camino. Argentina eligió a
Néstor Kirchner, un presidente más de centro aunque cercano a las ideas de la izquierda.
Michelle Bachelet se convirtió en la primera mujer presidente de Chile, uno de los países más machistas de la región. Los cambios son claros, pero aún hay muchas cosas por ver. Las nuevas clases políticas tienen en sus manos las riendas de Latinoamérica. Esperemos que no sigan los pasos de los antiguos dirigentes. Las cartas están echadas, sólo hay que hacer una buena jugada y depende de los políticos.
· Sin rumbo (25/01/2006)