El bizarro pizarroLuis del Val
23/02/06
Hace unos años, siendo
Manuel Pizarro presidente de la Bolsa de Madrid, el Gobierno intentó resistirse a una devaluación de la peseta y echó mano de los fondos de reserva para contener el mercado. En una mañana se escaparon siete billones y medio (con
"b", por favor) de las antiguas pesetas... y se tuvo que llevar a cabo la devaluación. Si
Pedro Solbes, que se acordará de aquello, se lo hubiera contado a su compañero
Montilla, es posible que no hubiéramos asistido a este desnudamiento en público de bajas pasiones político-financieras, y los accionistas de Gas Natural estarían más tranquilos, y los de Endesa no se encontrarían en vísperas de ser más ricos. Una cosa es poner firmes a un constructor de Cornellá, que tiene que pasar por el aro de la correspondiente licencia municipal y, otra, intentar poner de rodillas a un personaje afable, educado, servicial y cortés, pero que no le gusta que le empujen y que, como el toro de
Miguel Hernández, se crece en el castigo. No es lo mismo cazar perdices atontadas en un corral que ir de caza mayor por plena jungla.
A Manuel Pizarro no le interesa el dinero, pero le apasiona la posibilidad de poner en marcha mecanismos que produzcan dinero. Sabe que, cumpliendo unos trámites, puede abrir una notaría en Madrid, y ganar cuatro o cinco veces más de lo que ingresa como presidente de Endesa. Y las oposiciones a abogado del Estado, y las de agente de cambio y bolsa, no las ganó por designación política. Ni por favores políticos convirtió una empresa de valores recién nacida en una de las más rentables de España. Es decir, que aquél muchacho de Teruel ha hecho carrera por méritos personales y cuando se ha sentado en un consejo de Administración por dedo, el dedo político conocía su habilidades. Por eso, por sapiencia, cuando se lo ofrecieron, no quiso ser ministro. Sólo con ése detalle, haber renunciado a ser ministro, alguno que lo es debería haberse informado mejor antes de lanzar a la arena a todo un gabinete.
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