La manifestación Antonio Casado24/02/06El mero efecto estadístico en una colectividad de unas cuatro o cinco mil personas, como es el caso de las víctimas del terrorismo, no nos permite deducir que éstas hablan con una sola voz. Esta consideración previa es imprescindible para tratar de entender el significado de la manifestación convocada para este sábado en Madrid por una de las asociaciones de víctimas del terrorismo. Justo la que está en contra de que el Gobierno intente un final dialogado de la violencia en los términos de una resolución parlamentaria que hace al caso.
"No en mi nombre", dirán las pancartas de los manifestantes, que cuentan con el apoyo del Partido Popular y del Episcopado español.
"Sí en mi nombre", han dicho otras víctimas del terrorismo que, como el periodista
Gorka Landáburu o la viuda de
Fernando Buesa,
Nati, no abrigan reticencias por el hecho de que el Gobierno y las fuerzas políticas se comprometan en un proceso de paz.
Entre la sensibilidad de unas víctimas y la de otras, los ciudadanos de a pie no acaban de entender que la manifestación considere prioritario descalificar antes al Gobierno que a la propia banda terrorista. Quiero decir que echar a la gente a la calle en relación el terrorismo sólo puede tener sentido si es para decirle a los terroristas que dejen de matar.
En todo caso, el Gobierno se queja, con razón, de que para colmo le atribuyan la culpa de algo que no está ocurriendo, respecto a eventuales tratos con ETA. Oficialmente,
Zapatero y los portavoces del Gobierno ya han dejado claro que no se hará absolutamente nada mientras ETA siga extorsionando a los empresarios o cometiendo atentados, aunque no sean sangrientos.
Tampoco le falta razón al Gobierno cuando lamenta amargamente el distinto rasero con el que se tratan sus esperanzas de paz dialogada respecto a lo que hizo el Gobierno
Aznar, a pesar de que éste diga ahora que sólo autorizó los contactos con la banda, en 1998, para constatar su disposición a rendirse.
La verdad es que su delegación intentó sin éxito un acuerdo de
"paz por presos", y que ETA responsabilizó de la ruptura de la tregua, no al Gobierno Aznar, sino a los partidos nacionalistas (PNV y EA), a los que acusó de incumplir sus compromisos sobre la
"construcción nacional de Euskal Herria".
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